sábado, 16 de noviembre de 2019

La Autoayuda, un autoengaño lucrativo

Algunas Universidades han comenzado a facilitar espacios para darle cabida a prácticas claramente pseudo científicas relacionadas con terapias alternativas que se fundamentan en la autoayuda, pretendiendo dar respuestas a angustias existenciales que seguramente quedarán insatisfechas luego de disolverse los primeros efectos iniciales.

Desarrollar pensamientos y actitudes optimistas es una cosa buena,  sumamente básica y una actitud deseable que todos debemos desarrollar,  pero que resulta  insuficiente y vacuo si solo lo sostenemos con el hilo conductor típico del que se sujeta a la vida a base de mantras reafirmativos. 

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Cualquier persona que desee comenzar a tener una actividad de vida rentable debe ser todo menos indiferente,  indolente,  exclusivamente sentencioso y monotemático. Debe primero que nada aprender a escuchar,  observar y comprender el entorno, y ello equivale a decir que debe auscultar las pulsaciones del mercado en el que se desempeña.  
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Y al mercado no se le puede responder con banalidad vibracional autoafirmativa, inocua y claramente inefectiva. Hay que responder con ideas que aporten valor en el mundo real.  La gente que verdaderamente aporta a la sociedad no lo hace a base de mantras,  sino gracias a su competitividad y al valor que han logrado agregar a los objetos y servicios que ofrecen. 
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Muchas personas hacen cursos de formación para convertirse en cualquier variedad inimaginable de coach de diferentes tipos y estilos.  La moda que marca la tendencia actual en Venezuela es apuntarse en el CRP (Círculo de Realización Personal). Lo curioso es que con salvadas excepciones, escasamente la gente se da cuenta de la retórica baladí que lo caracteriza. Pero no es la única "escuela" con amplios seguidores, otras de uso menos extendido le hacen competencia o sirven de complemento  "terapéutico" adicional para retroalimentar divagaciones existenciales sin fundamento real. Desde la sanación por imposición de manos que propone el Reiki hasta la lectura de los chakras, resulta inquietante que muchos profesores y maestros adopten estos mecanismos que han sido inobjetablemente cuestionados por la ciencia. Muchas personas inteligentes y bien formadas lo emplean como parte de un fenómeno gregario que obedece a la súplica de un público cautivo por conocer novedades que puedan  dar respuestas a situaciones de crisis o angustia personal. Y se han convertido en nichos  con el objetivo de lucrar con base a una dimensión muy subjetiva de la sanación, que evoca sobre todo fantasías e ilusiones promisorias que asemejan a los conocidos efectos placebos que hace tiempo emplea la ciencia para identificar lo que funciona o no en una auténtica sanación.
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No basta la autoayuda,  es indispensable dominar otras herramientas,  modelos,  ideas y sobre todo tener un claro entendimiento del entorno en que operamos. Si solo nos concentramos en el pensamiento positivo,  tenemos que no resultará a la larga en una buena alianza para quienes desean salir adelante en la vida. 
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¿Hay que formarse y aprender nuevas herramientas?  Rotundamente si,  pero hay que saber elegir.  Muchas de las "escuelas" de autoayuda que surgen en medio de la crisis venezolana nos hacen recordar al Japón del siglo XVII sumergido en una crisis de poderes.  Todas las escuelas de esgrima y uso de la espada competían por el prestigio y por los alumnos.  La moda más reciente en ésta dinámica la presenciamos en la UCV, en la "Casa que Vence las Sombras" cuando en sus espacios albergó a miles de seguidores que buscaban mejorar su desempeño individual mediante la "activación de la glándula pineal".  Hace unos años,  en la década de los 90 finalizando el siglo XX la Orinoterapia era el último grito en terapias de autoayuda destinadas a la salud.  Su uso y efectos en la salud, siguen siendo polémicos, y es una práctica considerada por muchos como pseudo ciencia anti-higiénica.
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Es común ver que los estilos de todas estas escuelas pueden ser bastante dispares,  con miríadas de fundamentación singulares y con variable estructuración en torno a temas diversos. Pero lo que les proporciona uniforme horizontalidad  es el patrón del mantra  optimista reafirmativo, en medio de una pantalla de elementos diferenciadores, pero que sigue siendo pura finta y pura impostura, sin sólidas bases fundacionales. Diría seguramente Miyamoto Musashi de forma análoga a como sentenció al ver las escuelas para guerreros en artes marciales que brotaban como hierba ornamental en el Japón del periodo citado arriba: «son escuelas de abundantes flores con escasos frutos». Y por encima de lo meramente decorativo deberíamos puntualizar lo siguiente: son en esencia escuelas con escasa relevancia respecto a lo que debe ser una auténtica misión de vida para cualquier persona con inquietudes existenciales que considere cruciales para elegir el camino que le permita resolver cualquier encrucijada personal. 
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Muchas de estas actividades son reflejo de la realidad social contemporánea, y responden al constante cambio que se produce en la sociedad.   Como parte de esta realidad, vemos como las universidades han comenzado a dar apertura en sus espacios  a temas relacionados con el emprendimiento.  Una iniciativa loable, pero también muy desenfocada con la cultura que prevalece aún en nuestra nación, además de ser un intento reactivo ante  una realidad que nos oprime pero que aún no se ha sabido descifrar, y que solo parece anotarse en lo que se percibe como una moda a la que hay que plegarse porque es "lo que pide la gente". Es paradójico que las Universidades realicen esto  cuando aún siguen preparando a sus egresados como obedientes empleados, algo que no implica que debamos enseñar a soliviantar a la gente contra su futuro empleador,  sino a enmarcarse de forma más coherente con la circunstancia de "modernidad líquida" que ya vívidamente testimoniamos tantos ciudadanos. Esta característica amerita realizar un cambio de paradigma y convertirlo también en un objetivo de análisis que pueda conducir a nuestras universidades hacia la nueva era que se avecina en Venezuela, y no nos referimos al escenario de cambio político, cuya incertidumbre aún nos envuelve,  sino al cambio en la fundamentación de nuestra economía,  que tendrá que devenir por medio de una menor dependencia sobre el petróleo. 
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Las universidades deben comenzar a despojarse de cierta rigidez estructural tradicional que tanto las caracteriza,  y estimular además de lo académico, los aprendizajes  de otros elementos vitales que se requieren para afrontar la realidad que deviene en el futuro inmediato. Nuestros alumnos necesitan que le enseñemos también las cosas que no son fáciles de enseñar: 

 1. Agudizar el sentido de urgencia 
 2. Pensamiento crítico 
 3. Creatividad 
 4. Capacidad de esfuerzo
 5. Organización 
 6. Liderazgo
 7. Compromiso de Equipo
 8. Humildad, empatía y visión 
 9. Entrega desinteresada
10.Juicio y Ética 
11.Sesgo hacia los resultados
12.Escucha Activa
13.Orientación hacia la innovación 
14.Gestión de proyectos
15.Oratoria
16.Escribir bien
17.Saber contar historias(15 y 16)
18.Inteligencia financiera
19.Saber vender, marketing en general
20.Buen servicio al cliente


Todos estos elementos reflejan valores agregados adicionales a la enseñanza académica. Se debe evitar que los alumnos se apeguen a memorizar fechas,  personajes,  aforismos,  teorías y procesos que carecen de aplicación alguna en su futuro desempeño profesional, olvidando darle a los estudiantes elementos prácticos de relevancia para el ejercicio de sus carreras. 

Cuando se tiene la oportunidad de leer sobre la vida de grandes visionarios como Steve Jobs empezamos a comprender que ninguna gran innovación en la vida y en los negocios ocurre en el vacío de lo meramente académico. Todos están construidos sobre la base de innumerables avances y conocimientos mas pequeños o elementales, que pueden provenir literalmente de cualquier lugar.  Y cuando hablamos de innovación, a propósito de mencionar a Steve Jobs, la gente enseguida asocia la innovación con la tecnología, sin embargo,  la innovación tecnológica es solo un subconjunto. La innovación es un concepto que debemos entender de forma más amplia y que realmente trata de crear valor para los clientes y valor para cualquier organización.
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No enseñemos a las personas solo a depender  de la autoayuda.  Ser optimista, sin fundamentar el optimismo con otras habilidades blandas y duras, puede llevar a las personas  a vivir en un auténtico autoengaño permanente que no les proporciona suficiente perspectiva para avanzar en sus vidas.

Levantemos el perfil, elevemos la mirada, y vayamos mucho más allá de lo que nos permite alcanzar la academia,  pero especialmente hagamos un esfuerzo notable por ir mucho más allá de lo que nos proporciona la Autoayuda.

domingo, 10 de noviembre de 2019

¿Fallamos los padres no enseñando Finanzas a nuestros hijos adolescentes?

Nuestro sistema educativo no ha incorporado material de estudio para el manejo del dinero en nuestros hijos. Una falla que se ha acumulado hasta la fecha con consecuencias irreparables, pero mientras son jóvenes pueden aprender. Enséñales

La respuesta a la pregunta que encabeza este artículo, es en general afirmativa. La razón es que en una minoría casi ínfima contamos con padres que tienen sólida formación en cultura financiera. La gran mayoría de los padres carecemos de ella, por tanto fallamos en proporcionar estas habilidades a nuestros hijos porque por otro lado, tampoco la recibimos de nuestros padres cuando éramos jóvenes. 


Con suma frecuencia en nuestras charlas afirmamos sin rubor que es una equivocación generalizada afirmar que Venezuela tiene problemas económicos.  Al hacerlo, inevitablemente siempre es necesario también matizar esa extraordinaria afirmación, que hace fruncir el ceño al más espabilado de los interlocutores.  

Aún resulta sorprendente encontrarse con el hallazgo de detectar que muy escasas personas adultas, saben distinguir la diferencia que existe entre tener problemas financieros respecto de lo que significa tener problemas económicos.  Muchos padres respetables, inteligentes,  trabajadores, profesionales, amorosos complacientes con sus hijos, y en general preparados para afrontar las vicisitudes de la vida han crecido en un país que se caracterizó durante muchas décadas - que abarcan al menos tres generaciones - por vivir bajo el amparo de una relativa estabilidad económica que si bien padeció efectivamente algunos sobresaltos,  en general nos permitía vivir con la holgura de tener satisfechas algunas de las más elementales necesidades básicas de una sociedad.


¿A Quienes Culpamos? 


Repentinamente nos encontramos con una nueva realidad y es necesario responsabilizar a los culpables de nuestra debacle. Y esto no nos sorprende, a nuestro gentilicio le fascina culpabilizar. Es decir, determinar los factores que han incidido en el despeñadero de nuestra drama existencial. Y al hacerlo seguramente colocamos en primer lugar a los políticos, y este factor ciertamente no amerita ninguna revisión. La lista de factores adicionales podemos seguirla enumerando para saciar nuestra sed vindicadora, pero el objetivo de este artículo no es detenernos en esos menesteres. Por lo que resumiremos las variables de incidencia a dos grandes factores con el fin de no sumergirnos en complejidades. Desde nuestro punto de vista, el siguiente factor de incidencia en el estado actual de la nación obedece a nuestro anquilosado sistema de educación. 

Dos factores de mutua incidencia, porque gran parte de nuestros políticos se forjaron en nuestro sistema educativo. La frágil naturaleza de la vida humana que se vive en Venezuela se expone a diario con una claridad tan dramática, que obliga a la gente a hacerse dos preguntas recurrentes y obsesionantes ¿Estamos viviendo del modo en que deseamos y merecemos vivir? ¿Cuando acabará la sensación de empobrecimiento que no embarga?.

Todos nos debatimos con la cuestión del sentido de nuestra vida, y cuando procreamos y formamos a nuestros hijos nos preocupa hondamente por el sentido que ellos darán a su propia vida. A veces esa preocupación llega a ser tan invasiva que sin miramientos de ninguna especie irrespetamos  las elecciones que ellos puedan hacer en sus preferencias, cometiendo con ello la peor de las insensateces adjudicables a los padres. Olvidamos que los padres estamos para orientar, no para imponer criterios, ni gustos ni profesiones, sino para sembrar valores y principios de actuación que por otro lado sean coherentes con nuestra propia forma de actuar, porque somos el primer modelo de referencia que tienen nuestros hijos. 

La situación de debacle nacional en materia económica ha puesto a nuestro país en el centro de atención de muchas naciones y en el centro de análisis de ciertas personas influyentes en el mundo de las finanzas internacionales, como una curiosidad digna de un examen exhaustivo. Y aunque el impulso de pasar revista surge en la mayoría de nosotros de forma periódica en circunstancias bastante menos dramáticas de nuestras vidas; si nos urge que en lo que respecta a nuestra nación, hagamos revisión a todo aquello relativo a nuestra educación. Especialmente la relacionada con nuestras debilidades cognitivas en materia de ética, economía y finanzas.  


Robinson Crusoe 


En esas materias, nos encontramos en una situación análoga a la de Robinson Crusoe después de naufragar en su nave. Es decir, debemos explicarle a nuestros hijos la necesidad de no dejarnos guiar por el pánico sino que más bien debemos reenfocar nuestras apreciaciones y comenzar a realizar un balance  para recomenzar a reconstruir lo que se pueda. Necesitamos ser capaces de hacer consideraciones sobre lo que implica la situación en la que nos hallamos, incluso la luz que ésta situación arroja sobre diversos aspectos de la existencia venezolana. 

Nuestra vida relativamente cómoda se vino a pique repentinamente, pero en lugar de sentirnos abrumados por la adversidad, podemos imitar a Robinson Crusoe para reaccionar ante ella como si se tratar de un tónico embriagador que nos impulsa a salir adelante de nuevo. Debemos comenzar a aprovechar al máximo nuestros recursos mermados, imaginar cómo podemos ahorrar algunos recursos monetarios, calcular qué tipo de inversiones podemos intentar para protegerlos y evidentemente comenzar a disfrutar de cómo podemos imponer nuestro ingenio a las dificultades por las que atravesamos. ¿Podemos seguir esperando a que los políticos de turno arreglen a la nación? ¿Qué podemos hacer mientras eso sucede? ¿En qué momento se sembró la semilla del único árbol que nos cobijó y nos proporcionó sombra de comodidad durante siete décadas? ¿Es que acaso un árbol tan frondoso puede morir? 


El Convenio Tinoco


Las respuestas a estas inquietante preguntas no son absolutas ni fáciles de responder. solo debemos comprender y enseñar a nuestros hijos que gran parte del ingreso de divisas a nuestro país tiene una característica especial, no responde a un esfuerzo productivo bien estructurado, ni es la contraprestación  a un bien manufacturado por la infraestructura productiva de nuestro país.  Nuestro ingreso en gran medida es una renta. Y esa renta obedece al control del Estado venezolano, y de ella bebemos en forma de salarios, ingresos y otras rentas derivadas, la mayor parte de los venezolanos. Es mucho lo que se ha dicho que la sociedad  y el Estado venezolano son rentistas. En buena medida nos hemos organizado como Estado y como sociedad para ser unos reclamadores y buscadores de renta, a juzgar por lo que afirma el profesor Diego Bautista Urbaneja en su libro  "La Renta y el Reclamo, Ensayo sobre petróleo y economía Política en Venezuela":


"La teoría económica establece que una entrada de dólares sin contrapartida productiva significa una presión intensa hacia la sobrevaluación de la moneda del país en el que ello ocurre. Es uno de los aspectos de la llamada enfermedad holandesa que la ciencia económica ya tiene bien diagnosticada..."

La generación de padres que abarca entre los treinta y tanto y cincuenta y tantos años de edad debemos aprender los intríngulis de un asunto nacional fraguado en la década de los 30 en el siglo XX que culminó  en el evento denominado como el "Convenio Tinoco". Muy didácticamente explicado por el profesor Bautista Urbaneja en su libro.  Un convenio que terminó definiendo a nuestra nación en materia cambiaria, marcando una pauta revaluacionista de nuestra moneda nacional. Y las consecuencias de esta decisión tendrían un impacto importante en el futuro, porque con ello se decretaba la finitud de actividades agropecuarias y de manufactura, colocando dichas actividades en un plano secundario, e inoculando el germen de una economía con una moneda tradicionalmente sobrevaluada, y por lo tanto con pocos incentivos para producir y exportar. Un escenario en el que esta generación de padres nació, creció  y se forjó, es decir, en una economía inclinada a recibir importaciones y bastante hermética hacia las exportaciones que no fueran las del petróleo y derivados, así como otros rubros de menor peso.

Muchos padres han comenzado a comprender que nuestra moneda estuvo durante largo tiempo sobrevalorada de forma artificiosa, y eso lograba que nuestras importaciones con la avariciosa sed de consumo se saciara de forma inconsciente durante todos estos años anteriores a la situación de crisis actual. Esto creó una sociedad poco consciente de la importancia de salvaguardar sus mecanismos de producción, obviamos todas las advertencias de los más acerados intelectuales del pasado, uno de los que más enfatizó el peligro que se cernía fue Don Uslar Pietri, pero a nadie le gustan los aguafiestas. Y durante décadas de estabilidad económica artificial, la renta petrolera sirvió para hipnotizarnos en la comodidad, transfiriendo una cantidad enorme de dólares a manos privadas. Matizando acertadamente el profesor Urbaneja Bautista que "manos privadas" se refiere a una acepción amplísima del término que en realidad "quiere decir la población en general, pero considerada individuo por individuo".

¿Tenían conciencia los políticos de la nación, en la ahora ya lejana década de los 30 del siglo XX,sobre las consecuencias destructivas que tendría el Convenio Tinoco en el largo plazo para la nación? No sabemos la respuesta, pero intuimos que las nuevas generaciones deben aprender de los errores del pasado. Empezando porque un argumento que podría esgrimirse sería que los deseos de Tinoco podrían estar alineados con la necesidad de que la nación recibiera más dólares por menos canje de bolívares. El punto es que los mismos no sirvieron sino para expandir el consumo y destinar insuficientes fondos hacia la inversión en materia productiva. 


La dependencia


La realidad venezolana poco a poco se enrumbó por el sendero de su dependencia del petróleo, un hecho que en las primeras de cambio se pensó que podría ser un fenómeno circunstancial, pasó a ser visto como un rasgo duradero de nuestra economía, asumir las riendas de lo que sería un Petroestado.   Afirma Bautista Urbaneja "que una vez que se toma tal ruta y se avanza por ella, se hace cada vez más difícil devolverse y son cada vez más numerosas, y más irrecuperables, las opciones que se quedan a la vera del camino".

Todos los intereses se anidaron en torno a esa decisión, y se denomina a los fenómenos derivados que empujan inercialmente hacia esa ruta que se ramifica densa y voluminosamente como "la dependencia del camino", "por donde se viene andando determina mucho por donde se podrá seguir yendo". (Bautista Urbaneja, 2013).


Además de empleados ¿Pueden los hijos cambiar el guión?


Salimos a la calle y nos asalta un pensamiento tormentoso, comprobar nuevamente el alto costo de la vida, con altos precios de bienes y servicios. Un juego de supervivencia se desata en nuestras entrañas, con poco espacio para disfrutar de la vida.  Para el momento en que escribo estas lineas cuatro (4) adolescentes fallecen en el parque Generalísimo Francisco de Miranda atraídos por un espectáculo "gratuito" de un cantante desconocido para la mayoría de los padres y representantes.  Una padre formado en cultura financiera sabe bien que no existe en la vida nada que sea "gratuito", todo tiene un costo y generalmente detrás del costo en lo que es denominado "gratuito" subyace una insuficiencia de fondos para satisfacer un servicio de forma adecuada a la demanda que el mismo pueda generar. Las consecuencias de este hecho, deben servirnos de lección, porque tienen un saldo lamentable. La lección que se debe extrapolar de esa experiencia es que hay duras realidades que invaden nuestra economía y que es muy poco probable que logremos cambiarlas con facilidad si no empezamos a proporcionar  información de calidad a nuestros hijos para que empiecen a descifrar los hechos de la vida con suficiente anticipación sensible antes de tomar decisiones que terminan siendo lesivas para su salud y para su vida. 

Cuando contamos con un empleo, uno es incapaz de visualizar muchas variables que hoy en día se deben considerar. Inculcamos a nuestros hijos  el valor del estudio, algo que no debemos dejar de enfatizar, es lo correcto, es lo que hicimos, es lo que nos ha permitido levantarlos, y esperamos que la carrera que ellos elijan les cause satisfacciones, de la misma manera que elegirán la empresa para la que trabajarán, porque es la que les resulta más indicada para desarrollar su potencial.  Pero no siempre resulta la vida bajo esa forma idealizada,  y muchas veces las personas terminan trabajando en una empresa sin sentirse a plenitud, sin pronósticos de carrera futura, mal pagados y sin muchas posibilidades quizás de elegir un mejor trabajo a donde ir. ¿Cómo evitar que nuestros hijos se enfrenten a las misma frustración y cavilación que hoy en día tiene un importante segmento de la población económicamente activa en Venezuela?

Vivimos en una modernidad cuyas estructuras hacen aguas por todas partes, instituciones y organizaciones empresariales que antes nos parecían sólidas, firmes y fuertes  terminan luciendo como un vulnerable castillo de arena que se ve sometido a los vaivenes de una implacable marea que entra y sale de sus entrañas para demolerlo e implosionarlo sin escrúpulos. Ejemplos vemos en aparentemente sólidas instituciones que repentinamente se han licuado por mala praxis empresarial, como ha ocurrido en PDVSA, en CANTV, Corpoelec y en empresas, bancos como comercios que han cerrado sus puertas.  

Vemos arenas movedizas que zarandean los senderos del entramado empresarial e institucional, con pocas posibilidades de hallar caminos alternativos, escasas posibilidades u opciones de cambios. De alguna manera todos intuimos que llegó la hora de realizar cambios en lo que respecta a la vida profesional y laboral, pero medra una distancia entre el querer y la urgencia de actuar. Muchos siguen albergando la esperanza de que el petróleo nos siga salvando y eso obnubila otros horizontes que deberíamos comenzar a explorar como sociedad.  Miremos a los ojos de nuestra generación de relevo, tienen ganas de aprender, tienen ingenio, curiosidad, tiempo y deseos de surgir.   Salgamos de la frustración experimentada por decisiones que tomaron nuestros antecesores en el pasado con las repercusiones que han tenido en nuestro presente. Dejemos de culpar y pongámonos con resolución manos a la obra con nuestros hijos como si estuviésemos poseídos por el espíritu renovador de Robinson Crusoe.

La situación financiera, profesional, laboral, anímica y empresarial de una persona es el resultado tanto de las decisiones correctas como de las decisiones equivocadas tomadas en el contexto de su propia educación, como del dinero y los negocios con los que trabó relación a lo largo de su vida. Es hora de invertir en la educación de nuestros hijos de un modo en que tradicionalmente no hemos hecho, y confiemos en que la inversión en educación financiera y económica nos reportará satisfacción de cara al futuro y dará a nuestros hijos sólidos y sostenibles rendimientos porque habremos sembrado algo que sabrán cultivar como también reproducir para enseñar en el seno de su misma generación de amistades. Somos un país con abundante infraestructura,  recursos ambientales, hídricos, con abundantes tierras fértiles, un clima envidiable, una biodiversidad única entre más de 190 países del mundo, con gas, petróleo, diamantes, oro, coltán, grafeno, etc.  Nuestro problema es en resumidas cuentas, un problema de crisis de liderazgo político y ciudadano, una generación de enanismo político cuasi pueril, de comportamiento fraudulento que solo ansían contar con electores irreflexivos. No es un problema exclusivamente económico, es un problema político y financiero el que debemos resolver, y la esperanza está en nuestros jóvenes.

Si tuviésemos que enumerar los principales factores por las que varias generaciones de dirigentes políticos ha fracasado en materia financiera para garantizar sólidos crecimientos de la economía venezolana, podríamos señalar de forma sencilla y llana los siguientes elementos:

  1. No se formaron para comprender de dónde viene la riqueza
  2. No entienden lo que significa la cautela, la prevención y el sacrificio
  3. Desean resultados en el corto plazo
  4. No saben administrar prioridades al hacer uso de los ingresos
  5. Cuando toman decisiones financieras, priva la emocionalidad sobre la razón
  6. Al aumentar los ingresos del país, aumentaron los gastos de consumo en detrimento de la inversión productiva
  7. Dependían de los ingresos del petróleo
  8. Fueron complacientes con la población en subsidios
  9. Desconocen el poder de hacer uso del apalancamiento
  10. Realizan gasto emitiendo deuda y luego se desesperan por los déficits

Finalmente, a lo largo de este artículo hemos examinado solo algunas señales que nos anuncian que ha llegado el momento de pasar revista a lo que  deseamos cambiar, tanto si se tiene una sensación de duda persistente que se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo por los acontecimientos que se han venido acumulando en nuestra nación hasta el punto en que ya no es posible ignorarlos, como si experimentásemos también una situación de importancia vital que sin duda altera de modo irrevocable nuestra perspectiva. Es necesario activar al menos algunas estrategias desde el pequeño mundo de lo microeconómico para impulsar los cambios que alteren estas señales y  emprender así acciones regeneradoras, empezando con nuestros hijos adolescentes, que en pocos años estarán listos para darle un giro a nuestra situación. Comencemos proporcionándole educación financiera.

jueves, 7 de noviembre de 2019

El poder de la palabra hablada, en la vida


No ha existido un instrumento de mayor calado, jamás creado por la humanidad que el que emana del poder de la palabra viva, es decir, la que se articula cuando hablamos a los otros. Todo gran concepto que ha servido para configurar la creación de comunidades, aglutinar naciones, fundamentar la moral, impulsar cualquier argumento o dirimir cualquier diatriba, ha nacido del poder de la Oratoria. 

No nos la enseñan en la escuela primaria, ni en la secundaria, y cuando alcanzamos estudios superiores se da por sentado que dominamos sin problema ésta extraordinaria habilidad. ¿Cuántas veces nos hemos visto en la obligación de realizar una presentación ante una audiencia y hemos deseado poseer más conocimientos y habilidades de Oratoria?. Muchas, seguramente.

El sistema educativo occidental parece estar diseñado para olvidar que la Oratoria era una de las formas especiales de búsqueda de las antiguas comunidades de la Grecia Clásica. Uno de los sellos característicos de tales comunidades era que estaban centradas en el dominio de la palabra hablada.  Para el hombre moderno del siglo XXI un pensador o intelectual es una persona que se caracteriza sobre todo por ser un escritor. En cambio, para los griegos, un pensador era definitivamente un orador. ¿Que nos impide convertirnos en un agudo Orador con adecuada sensibilidad, visión y conocimiento?

Vivimos en un un mundo que parece especialmente destinado a confinar a los seres humanos a una especie de claustro lleno de distractores que les impiden desarrollar habilidades que los antiguos consideraban esenciales para ejercer el rol básico de ser ciudadanos. La palabra hablada para ellos:
"es aquel discurso que unido al conocimiento se escribe en el alma del que aprende; aquél que por un lado sabe defenderse así mismo, y por otro hablar o callar ante quienes conviene".(Fedro, de Platón)
Todos nos debatimos de vez en cuando con la pregunta del sentido de nuestra vida:¿Estoy viviendo del modo en que deseo vivir? Seamos estudiantes, académicos, aspirantes a la política, emprendedores o profesionales, con años de trabajo y desempeño laboral, nunca está de más que con alguna frecuencia nos hagamos este tipo de interrogantes. Cuestión muy necesaria para reponer energías,  creatividad, y compromiso, así como recuperar la pasión por aquello que queremos realizar en nuestro ámbito de desempeño. La consagración de un profesional llega cuando es capaz de conquistar la mente y el corazón, así como el respeto y el aplauso de sus colegas.

Muchas personas eventualmente se sienten atrapadas o aburridas en las labores que realizan y se dan cuenta tardíamente que se han adaptado hasta tal punto a las frustraciones de su trabajo que apenas son capaces de reconocerse a sí mismas. Para otras, la señal aparece cuando se enfrentan a un desafío del tipo "hablar en público" que implica ejercer algún tipo de liderazgo del que la organización para la cual trabajan sospecha pueden salir airosos, solventes y triunfadores. Y es cuando de forma repentina descubren su verdadera vocación o quizás es cuando aparecen las pesadillas nocturnas del horror infantil hechas realidad. 

Muchos estudios se citan señalando que uno de los mayores miedos de la humanidad proviene precisamente de la idea de tener que hacer uso de la palabra hablada frente a una audiencia que puede lucir como un monstruoso devorador de oradores. Se le ha denominado GlosofobiaUn temor que se ha venido anidando, asentándose y acumulándose como gruesas capas de sedimentos entre amplios segmentos de la población mundial, debido a una debilidad  que a nuestro juicio luce adrede y pertinaz en nuestro sistema educativo. Algo que se ha agudizado en los tiempos actuales donde nos hemos convertido en presas fáciles de la distracción y de la falta de atención plena para desarrollar estas habilidades.

Cabe recordar en este punto, que la antigua Grecia, especialmente la diminuta y prodigiosa Atenas no se regía mediante el engorroso mecanismo de intercambio de papeles entre burócratas de turno. La gestión de gobierno se fundaba en una asamblea viva de ciudadanos. En dichas asambleas, los ciudadanos podían debatir, plantear propuestas, optar por la guerra o por la paz, adoptar medidas fiscales o de gobierno de cualquier tipo. La participación en la democracia de Atenas implicaba la presencia física en las sesiones y realizar intervenciones en nombre propio. Ser ciudadano, obligaba a ir frecuentemente a realizar intervenciones como parte de la gestión de gobierno. Esto por supuesto representa una clara limitación que tendríamos hoy para algo equivalente en nuestras ciudades modernas, pero el punto a ser rescatado es la importancia que daban los ciudadanos al desarrollo de la oratoria como una habilidad donde la palabra hablada surgía para proporcionar la adecuada sabiduría política.

No resulta sorprendente entonces que los ciudadanos atenienses se preocuparan por adquirir estas habilidades desde tempranas mocedades. Intuían que era algo necesario para sobrevivir al espectáculo cotidiano de la gran comedia humana. Un fenómeno que sigue siendo imperecedero, pero que se ha matizado abrumadoramente bajo los tentáculos de una era dominada por el twitter, facebook, instagram y otras herramientas de alcance masivo, donde la "experticia hablada" sucumbe para diluirse ante la vorágine de los guerrilleros del teclado. Una legión de ejércitos que no sobreviviría ante la desafiante prueba de hacer un forcejeo mental verbal entre interlocutores. 

Todos opinamos, todos nos indignamos, censuramos, criticamos y condenamos  la conducta de nuestros líderes políticos cuando nos toca analizar su discurso. Pero invariablemente seguimos sin aprender la lección de saber elegir correctamente a nuestros líderes. Al igual que los intercambios de palabras vivas entre ciudadanos atenienses garantizaban la buena salud de las ciudades-estado. De la misma forma la conversación escudriñadora entre ciudadanos por medio de la oratoria y el diálogo, debería alimentaría la salud de nuestras almas. Una salud que nos permita elevar el criterio necesario  para distinguir cuando estamos en presencia de un líder fallido o de moral cuestionable. 

Dominar la oratoria, nos proporciona herramientas para hacer un estudio profundo y minucioso de los sinuosos rodeos y ardides de los que se sirve cierta y ordinaria naturaleza humana para enmascararse en virtudes impostoras, cuando ejecutan un discurso en un envoltorio suculento destinado a engolosinar a una ciudadanía desprevenida.  Al descifrar  sus artificiosos modismos, muchas veces descubrimos sin sorpresa que están hermanados con la altivez arrogante y la falta de probidad. 

Debemos aprender que los políticos, ninguno de ellos, pueden ser personas totalmente sinceras. Un político está siempre buscando electores, y solo es capaz de decir lo que la gente espera que diga. Cuando observamos el discurso de los políticos debemos observar que los que verdaderamente opinan son las muchedumbres que les siguen, son sus oyentes, más que ellos como oradores. Son el caso típico en el que los oradores se convierten en una especie de espejo o eco de lo que los demás piensan. Y si no lo hacen de esa forma, terminan fracasando. 

Aquél espíritu fogoso e inquisitivo donde se forjaron como oradores los antiguos ciudadanos griegos, terminó cediendo su fructífero espacio al mundo de la palabra escrita, un mundo más acorde con las densidades demográficas que paulatinamente la hicieron crecer con el tiempo. Un mundo que ha recorrido un largo trecho desde la antigüedad y que inequívocamente se ha transformado por la escritura y la difusión de las ideas, pero que a pesar de su extendido dominio, aún medramos de la cantidad y calidad de buenos oradores que nos exigen los nuevos tiempos de avanzadas tecnologías. Requerimos neo atenienses en la población como un factor de peso coadyuvante para revestirnos de la mejora  en la transformación de una ciudadanía que por sus dotes debería exigir mejores gobernantes, pues es sabido que el carácter de un gobierno es el reflejo del carácter de sus ciudadanos.