sábado, 21 de diciembre de 2019

Oratoria forense: el decanato del arte de hablar en público.



No deja de ser sorprendente que en cada época de la existencia humana se dejan de lado conocimientos que posteriormente son rescatados con un enfoque de renovación que les impulsa hacia un nuevo renacimiento. La oratoria forense es una habilidad que ha sido retirada en muchos programas de enseñanza por considerarse necesario darle cabida a otras disciplinas más acordes con los tiempos actuales.  He aquí un extremo de medidas tomadas por la academia que ya de por sí merece que le dediquemos una reflexión.

En su obra La elocuencia de los jueces, el maestro y abogado francés Maurice Gar
çón crítica seriamente esta supresión:

Nos adentramos como aventureros en un camino en el que cualquier guía nos enseñaría que no hay nada por descubrir.
La juventud apresurada cree que todo se puede hacer.  Se desanimaría si supiese que sus esfuerzos de creación parecerían pueriles a los filósofos y oradores antiguos,  que tenían tantos conocimientos de oratoria.

Merece la pena entender su mensaje porque,  a diferencia de lo que sucede en el ámbito  de la historia de las ciencias, las referencias de las oratorias del pasado nos siguen hablando. Cuando se demuestra que una teoría científica es falsa,  cuando se le refuta a través de otra manifiestamente más verdadera, se sabe que cae en desuso y ya no interesa a nadie,  al margen claro está, de algunos eruditos.  Pero las grandes cuestiones relativas al arte de la oratoria, sus caminos, sus reglas y matices, formuladas en la noche de los tiempos,  siguen teniendo vigencia. Desde este punto de vista,  se podría comparar la historia de la oratoria, más que con la historia de la ciencia,  con la historia del arte.  Del mismo modo en que las obras de Demóstenes o de Isócrates no son más obsoletas que las de Cicerón o Quintiliano,  las reflexiones de Churchill o del Dr. Martín Luther King en torno al arte hablar en público, no son mejores,  ni por lo demás, peores que las de Tisias, Aristóteles o Sócrates. Existen propuestas sobre cómo se puede practicar la oratoria,  reglas que  se adoptan dependiendo del contenido,  audiencia y temática a tratar que nos siguen hablando a través de los siglos y que nada puede convertir en obsoletas.

Así, por mucho que las teorías científicas puedan quedar bajo el manto de la obsolescencia en diferentes ámbitos, no ocurre lo mismo con la Oratoria,  por muy antiguos que sean los referentes clásicos, podemos seguir bebiendo de la fuente de su sabiduría.

Es fundamental que los profesionales vinculados a disciplinas legales,  forenses y criminalísticas dominen el arte de la oratoria, no solo por el hecho de haberse convertido por mérito propio en el gran decanato de las oratorias que se practican en todos los ámbitos, sino porque también es una herramienta que consolida cualquier carrera profesional,  siendo capaz de granjear una sólida reputación para cualquiera que sepa manejarla adecuadamente. Un alegato con una argumentación bien construida proporciona elementos que nos permiten enarbolar la bandera que nos da la razón en una disputa en cualquier contienda judicial. La oratoria forense es como una danza de  esgrima y de puro forcejeo mental, donde se ventilan hechos, cifras, argumentos, contra argumentos,   evidencias, sospechas,  juicios cualitativos,  etc. todo mezclado en un contexto jurídico que se debe aplicar según la interpretación de la situación de cada caso. Todo un yunque que sirve para amoldar la calidad y temple del acero de nuestro intelecto con la finalidad de salir airosos en la contienda.

La academia debe rescatar la Oratoria Forense, desempolvar las enseñanzas de Quintiliano, el gran orador romano que tuvo el mérito de legarnos una obra imperecedera: Instituciones Oratorias. Compuesta por doce libros,  que desarrollan lo que debe ser  la educación del orador,  desde su infancia  por medio de un programa didáctico  bien detallado.  El libro I trata de la educación inicial que proporciona la esencial gramática, y a continuación el cómo darle vida al texto con la retórica. El libro II define la retórica y explica sus características. Los libros III al VII abordan los aspectos de la invención, la disposición y la composición. Los libros VIII al X tratan de la elocución o enunciación. El libro XI trata de la realización del discurso y explica algunos aspectos de la memoria.  Finalmente,  el libro XII orienta al orador en la adquisición de cultura general  y expone las cualidades morales que debe poseer el que pretende hablar.

Debemos siempre tener presente que a partir de Quintiliano, pocas obras importantes se escribieron. La mayoría de los autores posteriores se han basado en sus doce libros y en los estudios anteriores de Aristóteles, Cicerón e Isócrates. Los que han intentado adentrarse por otras vías de innovación diferente, no han conseguido los resultados trazados por estos lejanos y prodigiosos oradores antiguos.

Como complemento,  no debemos dejar de indagar en los estudios de la oratoria actuales,  porque lo que principalmente ha cambiado son los gustos de los oyentes,  cambiando con ello la manera de enseñar el arte de hablar. Los oyentes actuales tienen preferencias por un discurso natural,  sin muchos ornamentos y con menos rigidez que la empleada habitualmente en la antigüedad. La palabra hablada ya no es un privilegio de abogados, políticos y religiosos. También se ha extendido entre empresarios,  ejecutivos,  técnicos y profesionales más allá del ámbito judicial.  Todos necesitan hablar bien para enfrentarse a las más diversas situaciones: dirigir,  liderar o participar en reuniones,  presentar,  presidir actos,  vender productos o servicios, negociar,  persuadir o resolver situaciones difíciles, incluso dar entrevistas,  pronunciar conferencias, dar o recibir homenajes, representar a una empresa o iniciar contactos sociales, etc.  Es una destreza primordial para la vida  contemporánea en una amplia gama de ramas del saber.

Todo adiestramiento en la oratoria debe contemplar una amplia libertad, aunque respetando las reglas que deben seguirse con la ayuda del sentido común y la cautela. Entendiendo que las reglas de la retórica ayudan y deben ser tenidas en cuenta, pero sin sujeciones dogmáticas e inmutables,   y por supuesto sin dejar de incluir a los antiguos retóricos,  adaptándolos al gusto del público moderno. Es clave que podamos obtener oradores que sobre todo puedan conversar con el público. No oradores que simplemente les hablen desde un pedestal,  en la frívola distancia, sino más bien poder estimular e impregnar nuestra charla del necesario calor humano que sirva de guía, inspiración, transformación y modelación de los liderazgos que en cada sector emergerán para conducir a la sociedad en los nuevos desafíos que nos depara un mundo en continua
transformación.

sábado, 16 de noviembre de 2019

La Autoayuda, un autoengaño lucrativo

Algunas Universidades han comenzado a facilitar espacios para darle cabida a prácticas claramente pseudo científicas relacionadas con terapias alternativas que se fundamentan en la autoayuda, pretendiendo dar respuestas a angustias existenciales que seguramente quedarán insatisfechas luego de disolverse los primeros efectos iniciales.

Desarrollar pensamientos y actitudes optimistas es una cosa buena,  sumamente básica y una actitud deseable que todos debemos desarrollar,  pero que resulta  insuficiente y vacuo si solo lo sostenemos con el hilo conductor típico del que se sujeta a la vida a base de mantras reafirmativos. 

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Cualquier persona que desee comenzar a tener una actividad de vida rentable debe ser todo menos indiferente,  indolente,  exclusivamente sentencioso y monotemático. Debe primero que nada aprender a escuchar,  observar y comprender el entorno, y ello equivale a decir que debe auscultar las pulsaciones del mercado en el que se desempeña.  
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Y al mercado no se le puede responder con banalidad vibracional autoafirmativa, inocua y claramente inefectiva. Hay que responder con ideas que aporten valor en el mundo real.  La gente que verdaderamente aporta a la sociedad no lo hace a base de mantras,  sino gracias a su competitividad y al valor que han logrado agregar a los objetos y servicios que ofrecen. 
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Muchas personas hacen cursos de formación para convertirse en cualquier variedad inimaginable de coach de diferentes tipos y estilos.  La moda que marca la tendencia actual en Venezuela es apuntarse en el CRP (Círculo de Realización Personal). Lo curioso es que con salvadas excepciones, escasamente la gente se da cuenta de la retórica baladí que lo caracteriza. Pero no es la única "escuela" con amplios seguidores, otras de uso menos extendido le hacen competencia o sirven de complemento  "terapéutico" adicional para retroalimentar divagaciones existenciales sin fundamento real. Desde la sanación por imposición de manos que propone el Reiki hasta la lectura de los chakras, resulta inquietante que muchos profesores y maestros adopten estos mecanismos que han sido inobjetablemente cuestionados por la ciencia. Muchas personas inteligentes y bien formadas lo emplean como parte de un fenómeno gregario que obedece a la súplica de un público cautivo por conocer novedades que puedan  dar respuestas a situaciones de crisis o angustia personal. Y se han convertido en nichos  con el objetivo de lucrar con base a una dimensión muy subjetiva de la sanación, que evoca sobre todo fantasías e ilusiones promisorias que asemejan a los conocidos efectos placebos que hace tiempo emplea la ciencia para identificar lo que funciona o no en una auténtica sanación.
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No basta la autoayuda,  es indispensable dominar otras herramientas,  modelos,  ideas y sobre todo tener un claro entendimiento del entorno en que operamos. Si solo nos concentramos en el pensamiento positivo,  tenemos que no resultará a la larga en una buena alianza para quienes desean salir adelante en la vida. 
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¿Hay que formarse y aprender nuevas herramientas?  Rotundamente si,  pero hay que saber elegir.  Muchas de las "escuelas" de autoayuda que surgen en medio de la crisis venezolana nos hacen recordar al Japón del siglo XVII sumergido en una crisis de poderes.  Todas las escuelas de esgrima y uso de la espada competían por el prestigio y por los alumnos.  La moda más reciente en ésta dinámica la presenciamos en la UCV, en la "Casa que Vence las Sombras" cuando en sus espacios albergó a miles de seguidores que buscaban mejorar su desempeño individual mediante la "activación de la glándula pineal".  Hace unos años,  en la década de los 90 finalizando el siglo XX la Orinoterapia era el último grito en terapias de autoayuda destinadas a la salud.  Su uso y efectos en la salud, siguen siendo polémicos, y es una práctica considerada por muchos como pseudo ciencia anti-higiénica.
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Es común ver que los estilos de todas estas escuelas pueden ser bastante dispares,  con miríadas de fundamentación singulares y con variable estructuración en torno a temas diversos. Pero lo que les proporciona uniforme horizontalidad  es el patrón del mantra  optimista reafirmativo, en medio de una pantalla de elementos diferenciadores, pero que sigue siendo pura finta y pura impostura, sin sólidas bases fundacionales. Diría seguramente Miyamoto Musashi de forma análoga a como sentenció al ver las escuelas para guerreros en artes marciales que brotaban como hierba ornamental en el Japón del periodo citado arriba: «son escuelas de abundantes flores con escasos frutos». Y por encima de lo meramente decorativo deberíamos puntualizar lo siguiente: son en esencia escuelas con escasa relevancia respecto a lo que debe ser una auténtica misión de vida para cualquier persona con inquietudes existenciales que considere cruciales para elegir el camino que le permita resolver cualquier encrucijada personal. 
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Muchas de estas actividades son reflejo de la realidad social contemporánea, y responden al constante cambio que se produce en la sociedad.   Como parte de esta realidad, vemos como las universidades han comenzado a dar apertura en sus espacios  a temas relacionados con el emprendimiento.  Una iniciativa loable, pero también muy desenfocada con la cultura que prevalece aún en nuestra nación, además de ser un intento reactivo ante  una realidad que nos oprime pero que aún no se ha sabido descifrar, y que solo parece anotarse en lo que se percibe como una moda a la que hay que plegarse porque es "lo que pide la gente". Es paradójico que las Universidades realicen esto  cuando aún siguen preparando a sus egresados como obedientes empleados, algo que no implica que debamos enseñar a soliviantar a la gente contra su futuro empleador,  sino a enmarcarse de forma más coherente con la circunstancia de "modernidad líquida" que ya vívidamente testimoniamos tantos ciudadanos. Esta característica amerita realizar un cambio de paradigma y convertirlo también en un objetivo de análisis que pueda conducir a nuestras universidades hacia la nueva era que se avecina en Venezuela, y no nos referimos al escenario de cambio político, cuya incertidumbre aún nos envuelve,  sino al cambio en la fundamentación de nuestra economía,  que tendrá que devenir por medio de una menor dependencia sobre el petróleo. 
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Las universidades deben comenzar a despojarse de cierta rigidez estructural tradicional que tanto las caracteriza,  y estimular además de lo académico, los aprendizajes  de otros elementos vitales que se requieren para afrontar la realidad que deviene en el futuro inmediato. Nuestros alumnos necesitan que le enseñemos también las cosas que no son fáciles de enseñar: 

 1. Agudizar el sentido de urgencia 
 2. Pensamiento crítico 
 3. Creatividad 
 4. Capacidad de esfuerzo
 5. Organización 
 6. Liderazgo
 7. Compromiso de Equipo
 8. Humildad, empatía y visión 
 9. Entrega desinteresada
10.Juicio y Ética 
11.Sesgo hacia los resultados
12.Escucha Activa
13.Orientación hacia la innovación 
14.Gestión de proyectos
15.Oratoria
16.Escribir bien
17.Saber contar historias(15 y 16)
18.Inteligencia financiera
19.Saber vender, marketing en general
20.Buen servicio al cliente


Todos estos elementos reflejan valores agregados adicionales a la enseñanza académica. Se debe evitar que los alumnos se apeguen a memorizar fechas,  personajes,  aforismos,  teorías y procesos que carecen de aplicación alguna en su futuro desempeño profesional, olvidando darle a los estudiantes elementos prácticos de relevancia para el ejercicio de sus carreras. 

Cuando se tiene la oportunidad de leer sobre la vida de grandes visionarios como Steve Jobs empezamos a comprender que ninguna gran innovación en la vida y en los negocios ocurre en el vacío de lo meramente académico. Todos están construidos sobre la base de innumerables avances y conocimientos mas pequeños o elementales, que pueden provenir literalmente de cualquier lugar.  Y cuando hablamos de innovación, a propósito de mencionar a Steve Jobs, la gente enseguida asocia la innovación con la tecnología, sin embargo,  la innovación tecnológica es solo un subconjunto. La innovación es un concepto que debemos entender de forma más amplia y que realmente trata de crear valor para los clientes y valor para cualquier organización.
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No enseñemos a las personas solo a depender  de la autoayuda.  Ser optimista, sin fundamentar el optimismo con otras habilidades blandas y duras, puede llevar a las personas  a vivir en un auténtico autoengaño permanente que no les proporciona suficiente perspectiva para avanzar en sus vidas.

Levantemos el perfil, elevemos la mirada, y vayamos mucho más allá de lo que nos permite alcanzar la academia,  pero especialmente hagamos un esfuerzo notable por ir mucho más allá de lo que nos proporciona la Autoayuda.

domingo, 10 de noviembre de 2019

¿Fallamos los padres no enseñando Finanzas a nuestros hijos adolescentes?

Nuestro sistema educativo no ha incorporado material de estudio para el manejo del dinero en nuestros hijos. Una falla que se ha acumulado hasta la fecha con consecuencias irreparables, pero mientras son jóvenes pueden aprender. Enséñales

La respuesta a la pregunta que encabeza este artículo, es en general afirmativa. La razón es que en una minoría casi ínfima contamos con padres que tienen sólida formación en cultura financiera. La gran mayoría de los padres carecemos de ella, por tanto fallamos en proporcionar estas habilidades a nuestros hijos porque por otro lado, tampoco la recibimos de nuestros padres cuando éramos jóvenes. 


Con suma frecuencia en nuestras charlas afirmamos sin rubor que es una equivocación generalizada afirmar que Venezuela tiene problemas económicos.  Al hacerlo, inevitablemente siempre es necesario también matizar esa extraordinaria afirmación, que hace fruncir el ceño al más espabilado de los interlocutores.  

Aún resulta sorprendente encontrarse con el hallazgo de detectar que muy escasas personas adultas, saben distinguir la diferencia que existe entre tener problemas financieros respecto de lo que significa tener problemas económicos.  Muchos padres respetables, inteligentes,  trabajadores, profesionales, amorosos complacientes con sus hijos, y en general preparados para afrontar las vicisitudes de la vida han crecido en un país que se caracterizó durante muchas décadas - que abarcan al menos tres generaciones - por vivir bajo el amparo de una relativa estabilidad económica que si bien padeció efectivamente algunos sobresaltos,  en general nos permitía vivir con la holgura de tener satisfechas algunas de las más elementales necesidades básicas de una sociedad.


¿A Quienes Culpamos? 


Repentinamente nos encontramos con una nueva realidad y es necesario responsabilizar a los culpables de nuestra debacle. Y esto no nos sorprende, a nuestro gentilicio le fascina culpabilizar. Es decir, determinar los factores que han incidido en el despeñadero de nuestra drama existencial. Y al hacerlo seguramente colocamos en primer lugar a los políticos, y este factor ciertamente no amerita ninguna revisión. La lista de factores adicionales podemos seguirla enumerando para saciar nuestra sed vindicadora, pero el objetivo de este artículo no es detenernos en esos menesteres. Por lo que resumiremos las variables de incidencia a dos grandes factores con el fin de no sumergirnos en complejidades. Desde nuestro punto de vista, el siguiente factor de incidencia en el estado actual de la nación obedece a nuestro anquilosado sistema de educación. 

Dos factores de mutua incidencia, porque gran parte de nuestros políticos se forjaron en nuestro sistema educativo. La frágil naturaleza de la vida humana que se vive en Venezuela se expone a diario con una claridad tan dramática, que obliga a la gente a hacerse dos preguntas recurrentes y obsesionantes ¿Estamos viviendo del modo en que deseamos y merecemos vivir? ¿Cuando acabará la sensación de empobrecimiento que no embarga?.

Todos nos debatimos con la cuestión del sentido de nuestra vida, y cuando procreamos y formamos a nuestros hijos nos preocupa hondamente por el sentido que ellos darán a su propia vida. A veces esa preocupación llega a ser tan invasiva que sin miramientos de ninguna especie irrespetamos  las elecciones que ellos puedan hacer en sus preferencias, cometiendo con ello la peor de las insensateces adjudicables a los padres. Olvidamos que los padres estamos para orientar, no para imponer criterios, ni gustos ni profesiones, sino para sembrar valores y principios de actuación que por otro lado sean coherentes con nuestra propia forma de actuar, porque somos el primer modelo de referencia que tienen nuestros hijos. 

La situación de debacle nacional en materia económica ha puesto a nuestro país en el centro de atención de muchas naciones y en el centro de análisis de ciertas personas influyentes en el mundo de las finanzas internacionales, como una curiosidad digna de un examen exhaustivo. Y aunque el impulso de pasar revista surge en la mayoría de nosotros de forma periódica en circunstancias bastante menos dramáticas de nuestras vidas; si nos urge que en lo que respecta a nuestra nación, hagamos revisión a todo aquello relativo a nuestra educación. Especialmente la relacionada con nuestras debilidades cognitivas en materia de ética, economía y finanzas.  


Robinson Crusoe 


En esas materias, nos encontramos en una situación análoga a la de Robinson Crusoe después de naufragar en su nave. Es decir, debemos explicarle a nuestros hijos la necesidad de no dejarnos guiar por el pánico sino que más bien debemos reenfocar nuestras apreciaciones y comenzar a realizar un balance  para recomenzar a reconstruir lo que se pueda. Necesitamos ser capaces de hacer consideraciones sobre lo que implica la situación en la que nos hallamos, incluso la luz que ésta situación arroja sobre diversos aspectos de la existencia venezolana. 

Nuestra vida relativamente cómoda se vino a pique repentinamente, pero en lugar de sentirnos abrumados por la adversidad, podemos imitar a Robinson Crusoe para reaccionar ante ella como si se tratar de un tónico embriagador que nos impulsa a salir adelante de nuevo. Debemos comenzar a aprovechar al máximo nuestros recursos mermados, imaginar cómo podemos ahorrar algunos recursos monetarios, calcular qué tipo de inversiones podemos intentar para protegerlos y evidentemente comenzar a disfrutar de cómo podemos imponer nuestro ingenio a las dificultades por las que atravesamos. ¿Podemos seguir esperando a que los políticos de turno arreglen a la nación? ¿Qué podemos hacer mientras eso sucede? ¿En qué momento se sembró la semilla del único árbol que nos cobijó y nos proporcionó sombra de comodidad durante siete décadas? ¿Es que acaso un árbol tan frondoso puede morir? 


El Convenio Tinoco


Las respuestas a estas inquietante preguntas no son absolutas ni fáciles de responder. solo debemos comprender y enseñar a nuestros hijos que gran parte del ingreso de divisas a nuestro país tiene una característica especial, no responde a un esfuerzo productivo bien estructurado, ni es la contraprestación  a un bien manufacturado por la infraestructura productiva de nuestro país.  Nuestro ingreso en gran medida es una renta. Y esa renta obedece al control del Estado venezolano, y de ella bebemos en forma de salarios, ingresos y otras rentas derivadas, la mayor parte de los venezolanos. Es mucho lo que se ha dicho que la sociedad  y el Estado venezolano son rentistas. En buena medida nos hemos organizado como Estado y como sociedad para ser unos reclamadores y buscadores de renta, a juzgar por lo que afirma el profesor Diego Bautista Urbaneja en su libro  "La Renta y el Reclamo, Ensayo sobre petróleo y economía Política en Venezuela":


"La teoría económica establece que una entrada de dólares sin contrapartida productiva significa una presión intensa hacia la sobrevaluación de la moneda del país en el que ello ocurre. Es uno de los aspectos de la llamada enfermedad holandesa que la ciencia económica ya tiene bien diagnosticada..."

La generación de padres que abarca entre los treinta y tanto y cincuenta y tantos años de edad debemos aprender los intríngulis de un asunto nacional fraguado en la década de los 30 en el siglo XX que culminó  en el evento denominado como el "Convenio Tinoco". Muy didácticamente explicado por el profesor Bautista Urbaneja en su libro.  Un convenio que terminó definiendo a nuestra nación en materia cambiaria, marcando una pauta revaluacionista de nuestra moneda nacional. Y las consecuencias de esta decisión tendrían un impacto importante en el futuro, porque con ello se decretaba la finitud de actividades agropecuarias y de manufactura, colocando dichas actividades en un plano secundario, e inoculando el germen de una economía con una moneda tradicionalmente sobrevaluada, y por lo tanto con pocos incentivos para producir y exportar. Un escenario en el que esta generación de padres nació, creció  y se forjó, es decir, en una economía inclinada a recibir importaciones y bastante hermética hacia las exportaciones que no fueran las del petróleo y derivados, así como otros rubros de menor peso.

Muchos padres han comenzado a comprender que nuestra moneda estuvo durante largo tiempo sobrevalorada de forma artificiosa, y eso lograba que nuestras importaciones con la avariciosa sed de consumo se saciara de forma inconsciente durante todos estos años anteriores a la situación de crisis actual. Esto creó una sociedad poco consciente de la importancia de salvaguardar sus mecanismos de producción, obviamos todas las advertencias de los más acerados intelectuales del pasado, uno de los que más enfatizó el peligro que se cernía fue Don Uslar Pietri, pero a nadie le gustan los aguafiestas. Y durante décadas de estabilidad económica artificial, la renta petrolera sirvió para hipnotizarnos en la comodidad, transfiriendo una cantidad enorme de dólares a manos privadas. Matizando acertadamente el profesor Urbaneja Bautista que "manos privadas" se refiere a una acepción amplísima del término que en realidad "quiere decir la población en general, pero considerada individuo por individuo".

¿Tenían conciencia los políticos de la nación, en la ahora ya lejana década de los 30 del siglo XX,sobre las consecuencias destructivas que tendría el Convenio Tinoco en el largo plazo para la nación? No sabemos la respuesta, pero intuimos que las nuevas generaciones deben aprender de los errores del pasado. Empezando porque un argumento que podría esgrimirse sería que los deseos de Tinoco podrían estar alineados con la necesidad de que la nación recibiera más dólares por menos canje de bolívares. El punto es que los mismos no sirvieron sino para expandir el consumo y destinar insuficientes fondos hacia la inversión en materia productiva. 


La dependencia


La realidad venezolana poco a poco se enrumbó por el sendero de su dependencia del petróleo, un hecho que en las primeras de cambio se pensó que podría ser un fenómeno circunstancial, pasó a ser visto como un rasgo duradero de nuestra economía, asumir las riendas de lo que sería un Petroestado.   Afirma Bautista Urbaneja "que una vez que se toma tal ruta y se avanza por ella, se hace cada vez más difícil devolverse y son cada vez más numerosas, y más irrecuperables, las opciones que se quedan a la vera del camino".

Todos los intereses se anidaron en torno a esa decisión, y se denomina a los fenómenos derivados que empujan inercialmente hacia esa ruta que se ramifica densa y voluminosamente como "la dependencia del camino", "por donde se viene andando determina mucho por donde se podrá seguir yendo". (Bautista Urbaneja, 2013).


Además de empleados ¿Pueden los hijos cambiar el guión?


Salimos a la calle y nos asalta un pensamiento tormentoso, comprobar nuevamente el alto costo de la vida, con altos precios de bienes y servicios. Un juego de supervivencia se desata en nuestras entrañas, con poco espacio para disfrutar de la vida.  Para el momento en que escribo estas lineas cuatro (4) adolescentes fallecen en el parque Generalísimo Francisco de Miranda atraídos por un espectáculo "gratuito" de un cantante desconocido para la mayoría de los padres y representantes.  Una padre formado en cultura financiera sabe bien que no existe en la vida nada que sea "gratuito", todo tiene un costo y generalmente detrás del costo en lo que es denominado "gratuito" subyace una insuficiencia de fondos para satisfacer un servicio de forma adecuada a la demanda que el mismo pueda generar. Las consecuencias de este hecho, deben servirnos de lección, porque tienen un saldo lamentable. La lección que se debe extrapolar de esa experiencia es que hay duras realidades que invaden nuestra economía y que es muy poco probable que logremos cambiarlas con facilidad si no empezamos a proporcionar  información de calidad a nuestros hijos para que empiecen a descifrar los hechos de la vida con suficiente anticipación sensible antes de tomar decisiones que terminan siendo lesivas para su salud y para su vida. 

Cuando contamos con un empleo, uno es incapaz de visualizar muchas variables que hoy en día se deben considerar. Inculcamos a nuestros hijos  el valor del estudio, algo que no debemos dejar de enfatizar, es lo correcto, es lo que hicimos, es lo que nos ha permitido levantarlos, y esperamos que la carrera que ellos elijan les cause satisfacciones, de la misma manera que elegirán la empresa para la que trabajarán, porque es la que les resulta más indicada para desarrollar su potencial.  Pero no siempre resulta la vida bajo esa forma idealizada,  y muchas veces las personas terminan trabajando en una empresa sin sentirse a plenitud, sin pronósticos de carrera futura, mal pagados y sin muchas posibilidades quizás de elegir un mejor trabajo a donde ir. ¿Cómo evitar que nuestros hijos se enfrenten a las misma frustración y cavilación que hoy en día tiene un importante segmento de la población económicamente activa en Venezuela?

Vivimos en una modernidad cuyas estructuras hacen aguas por todas partes, instituciones y organizaciones empresariales que antes nos parecían sólidas, firmes y fuertes  terminan luciendo como un vulnerable castillo de arena que se ve sometido a los vaivenes de una implacable marea que entra y sale de sus entrañas para demolerlo e implosionarlo sin escrúpulos. Ejemplos vemos en aparentemente sólidas instituciones que repentinamente se han licuado por mala praxis empresarial, como ha ocurrido en PDVSA, en CANTV, Corpoelec y en empresas, bancos como comercios que han cerrado sus puertas.  

Vemos arenas movedizas que zarandean los senderos del entramado empresarial e institucional, con pocas posibilidades de hallar caminos alternativos, escasas posibilidades u opciones de cambios. De alguna manera todos intuimos que llegó la hora de realizar cambios en lo que respecta a la vida profesional y laboral, pero medra una distancia entre el querer y la urgencia de actuar. Muchos siguen albergando la esperanza de que el petróleo nos siga salvando y eso obnubila otros horizontes que deberíamos comenzar a explorar como sociedad.  Miremos a los ojos de nuestra generación de relevo, tienen ganas de aprender, tienen ingenio, curiosidad, tiempo y deseos de surgir.   Salgamos de la frustración experimentada por decisiones que tomaron nuestros antecesores en el pasado con las repercusiones que han tenido en nuestro presente. Dejemos de culpar y pongámonos con resolución manos a la obra con nuestros hijos como si estuviésemos poseídos por el espíritu renovador de Robinson Crusoe.

La situación financiera, profesional, laboral, anímica y empresarial de una persona es el resultado tanto de las decisiones correctas como de las decisiones equivocadas tomadas en el contexto de su propia educación, como del dinero y los negocios con los que trabó relación a lo largo de su vida. Es hora de invertir en la educación de nuestros hijos de un modo en que tradicionalmente no hemos hecho, y confiemos en que la inversión en educación financiera y económica nos reportará satisfacción de cara al futuro y dará a nuestros hijos sólidos y sostenibles rendimientos porque habremos sembrado algo que sabrán cultivar como también reproducir para enseñar en el seno de su misma generación de amistades. Somos un país con abundante infraestructura,  recursos ambientales, hídricos, con abundantes tierras fértiles, un clima envidiable, una biodiversidad única entre más de 190 países del mundo, con gas, petróleo, diamantes, oro, coltán, grafeno, etc.  Nuestro problema es en resumidas cuentas, un problema de crisis de liderazgo político y ciudadano, una generación de enanismo político cuasi pueril, de comportamiento fraudulento que solo ansían contar con electores irreflexivos. No es un problema exclusivamente económico, es un problema político y financiero el que debemos resolver, y la esperanza está en nuestros jóvenes.

Si tuviésemos que enumerar los principales factores por las que varias generaciones de dirigentes políticos ha fracasado en materia financiera para garantizar sólidos crecimientos de la economía venezolana, podríamos señalar de forma sencilla y llana los siguientes elementos:

  1. No se formaron para comprender de dónde viene la riqueza
  2. No entienden lo que significa la cautela, la prevención y el sacrificio
  3. Desean resultados en el corto plazo
  4. No saben administrar prioridades al hacer uso de los ingresos
  5. Cuando toman decisiones financieras, priva la emocionalidad sobre la razón
  6. Al aumentar los ingresos del país, aumentaron los gastos de consumo en detrimento de la inversión productiva
  7. Dependían de los ingresos del petróleo
  8. Fueron complacientes con la población en subsidios
  9. Desconocen el poder de hacer uso del apalancamiento
  10. Realizan gasto emitiendo deuda y luego se desesperan por los déficits

Finalmente, a lo largo de este artículo hemos examinado solo algunas señales que nos anuncian que ha llegado el momento de pasar revista a lo que  deseamos cambiar, tanto si se tiene una sensación de duda persistente que se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo por los acontecimientos que se han venido acumulando en nuestra nación hasta el punto en que ya no es posible ignorarlos, como si experimentásemos también una situación de importancia vital que sin duda altera de modo irrevocable nuestra perspectiva. Es necesario activar al menos algunas estrategias desde el pequeño mundo de lo microeconómico para impulsar los cambios que alteren estas señales y  emprender así acciones regeneradoras, empezando con nuestros hijos adolescentes, que en pocos años estarán listos para darle un giro a nuestra situación. Comencemos proporcionándole educación financiera.

jueves, 7 de noviembre de 2019

El poder de la palabra hablada, en la vida


No ha existido un instrumento de mayor calado, jamás creado por la humanidad que el que emana del poder de la palabra viva, es decir, la que se articula cuando hablamos a los otros. Todo gran concepto que ha servido para configurar la creación de comunidades, aglutinar naciones, fundamentar la moral, impulsar cualquier argumento o dirimir cualquier diatriba, ha nacido del poder de la Oratoria. 

No nos la enseñan en la escuela primaria, ni en la secundaria, y cuando alcanzamos estudios superiores se da por sentado que dominamos sin problema ésta extraordinaria habilidad. ¿Cuántas veces nos hemos visto en la obligación de realizar una presentación ante una audiencia y hemos deseado poseer más conocimientos y habilidades de Oratoria?. Muchas, seguramente.

El sistema educativo occidental parece estar diseñado para olvidar que la Oratoria era una de las formas especiales de búsqueda de las antiguas comunidades de la Grecia Clásica. Uno de los sellos característicos de tales comunidades era que estaban centradas en el dominio de la palabra hablada.  Para el hombre moderno del siglo XXI un pensador o intelectual es una persona que se caracteriza sobre todo por ser un escritor. En cambio, para los griegos, un pensador era definitivamente un orador. ¿Que nos impide convertirnos en un agudo Orador con adecuada sensibilidad, visión y conocimiento?

Vivimos en un un mundo que parece especialmente destinado a confinar a los seres humanos a una especie de claustro lleno de distractores que les impiden desarrollar habilidades que los antiguos consideraban esenciales para ejercer el rol básico de ser ciudadanos. La palabra hablada para ellos:
"es aquel discurso que unido al conocimiento se escribe en el alma del que aprende; aquél que por un lado sabe defenderse así mismo, y por otro hablar o callar ante quienes conviene".(Fedro, de Platón)
Todos nos debatimos de vez en cuando con la pregunta del sentido de nuestra vida:¿Estoy viviendo del modo en que deseo vivir? Seamos estudiantes, académicos, aspirantes a la política, emprendedores o profesionales, con años de trabajo y desempeño laboral, nunca está de más que con alguna frecuencia nos hagamos este tipo de interrogantes. Cuestión muy necesaria para reponer energías,  creatividad, y compromiso, así como recuperar la pasión por aquello que queremos realizar en nuestro ámbito de desempeño. La consagración de un profesional llega cuando es capaz de conquistar la mente y el corazón, así como el respeto y el aplauso de sus colegas.

Muchas personas eventualmente se sienten atrapadas o aburridas en las labores que realizan y se dan cuenta tardíamente que se han adaptado hasta tal punto a las frustraciones de su trabajo que apenas son capaces de reconocerse a sí mismas. Para otras, la señal aparece cuando se enfrentan a un desafío del tipo "hablar en público" que implica ejercer algún tipo de liderazgo del que la organización para la cual trabajan sospecha pueden salir airosos, solventes y triunfadores. Y es cuando de forma repentina descubren su verdadera vocación o quizás es cuando aparecen las pesadillas nocturnas del horror infantil hechas realidad. 

Muchos estudios se citan señalando que uno de los mayores miedos de la humanidad proviene precisamente de la idea de tener que hacer uso de la palabra hablada frente a una audiencia que puede lucir como un monstruoso devorador de oradores. Se le ha denominado GlosofobiaUn temor que se ha venido anidando, asentándose y acumulándose como gruesas capas de sedimentos entre amplios segmentos de la población mundial, debido a una debilidad  que a nuestro juicio luce adrede y pertinaz en nuestro sistema educativo. Algo que se ha agudizado en los tiempos actuales donde nos hemos convertido en presas fáciles de la distracción y de la falta de atención plena para desarrollar estas habilidades.

Cabe recordar en este punto, que la antigua Grecia, especialmente la diminuta y prodigiosa Atenas no se regía mediante el engorroso mecanismo de intercambio de papeles entre burócratas de turno. La gestión de gobierno se fundaba en una asamblea viva de ciudadanos. En dichas asambleas, los ciudadanos podían debatir, plantear propuestas, optar por la guerra o por la paz, adoptar medidas fiscales o de gobierno de cualquier tipo. La participación en la democracia de Atenas implicaba la presencia física en las sesiones y realizar intervenciones en nombre propio. Ser ciudadano, obligaba a ir frecuentemente a realizar intervenciones como parte de la gestión de gobierno. Esto por supuesto representa una clara limitación que tendríamos hoy para algo equivalente en nuestras ciudades modernas, pero el punto a ser rescatado es la importancia que daban los ciudadanos al desarrollo de la oratoria como una habilidad donde la palabra hablada surgía para proporcionar la adecuada sabiduría política.

No resulta sorprendente entonces que los ciudadanos atenienses se preocuparan por adquirir estas habilidades desde tempranas mocedades. Intuían que era algo necesario para sobrevivir al espectáculo cotidiano de la gran comedia humana. Un fenómeno que sigue siendo imperecedero, pero que se ha matizado abrumadoramente bajo los tentáculos de una era dominada por el twitter, facebook, instagram y otras herramientas de alcance masivo, donde la "experticia hablada" sucumbe para diluirse ante la vorágine de los guerrilleros del teclado. Una legión de ejércitos que no sobreviviría ante la desafiante prueba de hacer un forcejeo mental verbal entre interlocutores. 

Todos opinamos, todos nos indignamos, censuramos, criticamos y condenamos  la conducta de nuestros líderes políticos cuando nos toca analizar su discurso. Pero invariablemente seguimos sin aprender la lección de saber elegir correctamente a nuestros líderes. Al igual que los intercambios de palabras vivas entre ciudadanos atenienses garantizaban la buena salud de las ciudades-estado. De la misma forma la conversación escudriñadora entre ciudadanos por medio de la oratoria y el diálogo, debería alimentaría la salud de nuestras almas. Una salud que nos permita elevar el criterio necesario  para distinguir cuando estamos en presencia de un líder fallido o de moral cuestionable. 

Dominar la oratoria, nos proporciona herramientas para hacer un estudio profundo y minucioso de los sinuosos rodeos y ardides de los que se sirve cierta y ordinaria naturaleza humana para enmascararse en virtudes impostoras, cuando ejecutan un discurso en un envoltorio suculento destinado a engolosinar a una ciudadanía desprevenida.  Al descifrar  sus artificiosos modismos, muchas veces descubrimos sin sorpresa que están hermanados con la altivez arrogante y la falta de probidad. 

Debemos aprender que los políticos, ninguno de ellos, pueden ser personas totalmente sinceras. Un político está siempre buscando electores, y solo es capaz de decir lo que la gente espera que diga. Cuando observamos el discurso de los políticos debemos observar que los que verdaderamente opinan son las muchedumbres que les siguen, son sus oyentes, más que ellos como oradores. Son el caso típico en el que los oradores se convierten en una especie de espejo o eco de lo que los demás piensan. Y si no lo hacen de esa forma, terminan fracasando. 

Aquél espíritu fogoso e inquisitivo donde se forjaron como oradores los antiguos ciudadanos griegos, terminó cediendo su fructífero espacio al mundo de la palabra escrita, un mundo más acorde con las densidades demográficas que paulatinamente la hicieron crecer con el tiempo. Un mundo que ha recorrido un largo trecho desde la antigüedad y que inequívocamente se ha transformado por la escritura y la difusión de las ideas, pero que a pesar de su extendido dominio, aún medramos de la cantidad y calidad de buenos oradores que nos exigen los nuevos tiempos de avanzadas tecnologías. Requerimos neo atenienses en la población como un factor de peso coadyuvante para revestirnos de la mejora  en la transformación de una ciudadanía que por sus dotes debería exigir mejores gobernantes, pues es sabido que el carácter de un gobierno es el reflejo del carácter de sus ciudadanos.



jueves, 17 de octubre de 2019

Venezuela: Alternativas de Financiamiento Empresarial


En los últimos meses, la financiación empresarial se ha convertido en uno de los quebraderos de cabeza más difíciles de gestionar por parte de las empresas. Es sabido por todos que la ausencia de alternativas en el financiamiento ocurre a causa de la supresión de créditos bancarios por la restricción establecida por vía del encaje legal.

El principal efecto que se busca con esta medida es estabilizar el tipo de cambio en divisas  y con ello suprimir el efecto inflacionario asociado a una subida en el precio de las mismas, especialmente del dólar. 

Este escenario arroja sin embargo aristas adicionales de realidad que el Banco Central de Venezuela no puede controlar,  y carece de los instrumentos necesarios para medirlas, entre éstas tenemos lo que ocurre en el ámbito de la economía de la información y la urgencia de tener que tomar decisiones bajo las condiciones de incertidumbre que afrontan las empresas, en un clima de tensión política cuyo desenlace aún se desconoce, con todo el  el impacto que tiene la incertidumbre como escenario que domina la escena. 

Al levantarse las restricciones que impedían a las empresas y al público acceder al mercado de divisas, suprimiéndose el control cambiario, las compañías lograban financiarse sin grandes problemas, pero este escenario ha cambiado por completo de forma reciente, por el hecho de que el acceso a fuentes de financiamiento ha sido cada vez más difícil de conseguir para las empresas.  En el entorno actual crecen la dificultades para acceder al crédito, las denegaciones de renovación de líneas de crédito o la imposibilidad de descontar algunos efectos comerciales ha llevado a muchas empresas, especialmente pequeñas o medianas, a pasar por serias dificultades para seguir funcionando. En definitiva, en el entorno actual todos los agentes económicos tienen la necesidad de obtener financiación y, de ser posible, rápidamente. 

Algunos respetables análisis interpretan este contexto como lesivo para la actividad económica. Sin embargo, obvian señalar los efectos de las sanciones económicas en la nación, una variable que se debe despejar sin caer en los abismos exacerbados de las discusiones estériles en materia ideológica. Los empresarios venezolanos han aprendido a lidiar con el hecho de enfrentarse a un entorno que es dinámico y complejo, con relaciones sistémicas, tanto por los sujetos que actúan en él, como por las temáticas sensibles que se abordan a diario por parte de los analistas y expertos. En este paradigma, los cambios no siempre se procesan adecuadamente, dando lugar a crisis organizacionales con procesos de aprendizaje y renovación, en los cuales, algunas organizaciones salen fortalecidas, mientras que otras se achican o tienden a desaparecer. 

Se ponen en marcha muchas estrategias de tipo ofensivo o defensivo, según la empresa, el  sector o el mercado en que actúe la empresa, que contemplan, además de los efectos de la inflación, la debacle en la rotación de inventario en los anaqueles, como la previamente citada ausencia de fuentes de financiamiento.  Hace poco citábamos como positiva la iniciativa de difusión por parte del INAPYMI y la SUNAVAL en la democratización del acceso al mercado de valores, pero cabe preguntarse si tales mecanismos son suficientes cuando solo nos ocupamos de crear estímulos del lado de la oferta, mientras los créditos al consumo y al crédito se mantienen rezagados y restringidos. 

Si bien se percibe una estabilización en los indicadores que se registran en el Tipo de Cambio, también se percibe una ralentización en la actividad de la bolsa de valores de Caracas, una correlación adjudicable a la insuficiencia de liquidez monetaria, tal como lo señala en su artículo el asesor de inversión y corredor público de valores José Miguel Farías,  Director de Finanzas de Rendivalores, Casa de Bolsa.
Fuente: Rendivalores, Casa de Bolsa

No obstante esto,  a pesar de considerarse estos escenarios de desaceleración en dichos indicadores una señal inquietante, es necesario poder analizar hasta qué punto la relativa novedad de difusión y divulgación de fuentes alternativas de financiamiento, pueden ser especialmente útiles en tiempos de crisis cuando la financiación bancaria es muy reducida y en su caso, la exigencia de mayores garantías e incremento de los riesgos en los créditos por parte de las Entidades bancarias, la convierten en este momento en inviables. 

Sin duda existe una necesidad acuciante en la PYMIS y PYMES de obtener financiación por un lado, y además si es posible que ésta tenga las características de recursos propios, haciendo necesaria la consideración de estas otras alternativas no tradicionales de financiación. Las fuentes de donde abrevan sus necesidades de dinero han sido la autofinanciación y la financiación bancaria. Pero cuando esto es insuficiente para atender las necesidades de la empresas y el recurso de ampliación de capital -financiación propia externa - implica la realización de desembolsos por parte de propietarios y accionistas, cuestión que no puede hacerse de forma regular ya que las necesidades de recursos por parte de la empresa suelen ser superiores al patrimonio de los accionistas, la alternativa viable para satisfacer estas necesidades financieras consiste en acudir a la financiación ajena. 

Por lo que a la financiación ajena se refiere, es decir, la que implica una deuda por parte de la empresa con sus acreedores, cabe distinguir entre empréstitos obligacionistas - emisiones de bonos y obligaciones - y préstamos y créditos.  Los primeros son denominados emisiones de renta fija corporativa, que ha sido un segmento, hasta el momento en Venezuela, reservado prácticamente a las grandes empresas. Ello explica la importancia del proceso de democratización y difusión previamente señalado., ya que el mismo parece representar una vía no tradicional de financiación ajena posible.  

Una alternativa que exige de los empresarios venezolanos un cambio de paradigma en cuanto a la supresión de prácticas contables creativas, sumamente cuestionables  así como  el compromiso hacia la transparencia informativa,  en un país donde los agentes económicos deben comenzar a reinventarse también suprimiendo de su actuación cualquier espera de incentivos y protección de un Estado paternalista, que tanto daño nos ha hecho en el largo plazo por nuestra dependencia petrolera, convirtiendo a un importante segmento de la economía en yonquis adictos a dicha renta.  

Por consiguiente, las PYMES y PYMIS, necesitan acudir a estas nuevas fuentes de financiamiento, tales como las que comienzan a ofrecerse en el mercado de valores. Sin duda con esta iniciativa de la SUNAVAL y del INAPYMI también con el tiempo comenzaremos quizás a ver cómo se incorporan a este proceso las  Sociedades y Fondos de Capital Riesgo así como los Business Angels, todo dependerá del virtuoso componente ético con el que los agentes económicos comiencen a emplearse en sus respectivos desempeños, considerando también la importancia de otorgarle sosiego a un público consumidor venezolano que está ansioso por que se alcance la estabilidad política y económica, porque alberga un ardiente deseo por consumir buenos productos y servicios en un clima de estabilidad en los precios.   

miércoles, 16 de octubre de 2019

Venezuela ¿Por qué es fundamental conocer los Mercados Financieros?


"La riqueza superflua sólo puede comprar cosas superfluas"
Henry David Thoreau (1815-1864), escritor estadounidense


La cita que encabeza esta reflexión es una breve muestra de las convicciones sociales y políticas de Thoreau, convicciones que llevó a la práctica en su propia vida, y en sus propios escritos, negándose a admitir las normas estrechas e hipócritas de la sociedad norteamericana.


En las noticias cotidianas escuchamos a veces que el mercado de valores ha cerrado con pocos/altos/tímidos movimientos, con buenos/malos/moderados rendimientos, con escaso/alto volumen de transacciones, etc. Y suele ocurrir que la mayoría de nosotros no entendemos absolutamente nada de estos términos. Ante ello, muchas personas infortunadamente piensan que tales noticias están destinadas solo para gente bien preparada, de origen noble y acaudalada o para gente de buena posición social, estudiada, con notables credenciales académicas, en fin, que no son noticias para un pueblo oprimido por las adversidades y que está más preocupado por la inflación, los malos servicios públicos, y el malestar que agobia su cotidianidad. 

Efectivamente es un error abstraemos de indagar un poco más. Huimos hacia nuestros asuntos cotidianos impregnados por la crisis cuando escuchamos la frase "Mercados Financieros o Mercado de Valores". Lo vemos como un monumental cuadro inalcanzable e indescifrable. Dicha imagen no ha variado sustancialmente con el paso del tiempo. Por tal motivo hemos decidido escribir este artículo para cambiar esa reiterada impresión, pero, moderando hasta su justa medida nuestro objetivo inicial, que sería suficiente si cubriera las necesidades iniciales de consulta personal o profesional de nuestros lectores; es decir, si esto les ofreciera algunos buenos motivos de reflexión y si, en última instancia, les resultara una lectura inspiradora y enriquecedora, solo así entonces habremos cumplido nuestro objetivo. Así que comencemos.

Estimado lector,  los "Mercados Financieros" son el punto de referencia de las economías más sólidas y prósperas del mundo, y pueden llegar a ser un aspecto fundamental que refleje la economía de una nación. Es el lugar donde las personas que tienen un exceso de fondos disponibles los transfieren a quienes tienen un déficit. Los mercados financieros, como los mercados de bonos y de valores, juegan un papel crucial en muchas economías, porque buscan promover una mayor eficacia de la misma  llevando fondos de excedentes monetarios hasta el lugar donde hacen falta. De este modo deducirá Ud., que el buen funcionamiento de los mercados financieros representa un factor clave para poder generar un crecimiento económico alto. Un desempeño timorato o deficiente de ellos es una de las causas de la pobreza de muchos países en el mundo. Sepa Ud. también que las actividades de estos mercados  tienen efectos directos en la riqueza personal de los individuos en general, en la conducta de los negocios - ya hablaremos de este aspecto en una próxima entrega - y de los consumidores, así como en el desempeño cíclico de la economía.

Bonos, tasa de interés y financiamiento 

Un bono, es un valor emitido/adquirido, y  es también denominado un instrumento financiero o activo, que se convierte a su vez en un derecho de un tercero sobre el flujo de ingreso futuro del que emite (bonos) o sobre activos (cualquier derecho financiero o elemento de propiedad del patrimonio). En resumen, un bono es un instrumento de endeudamiento que debe hacer pagos en forma periódica durante un periodo de tiempo específico al que lo adquiere por parte del que lo emite.

Un mercado de bonos, es un pilar también fundamental para la sustentación de la actividad económica, porque permite a las empresas y a los gobiernos/instituciones solicitar fondos en calidad de préstamo para afrontar financieramente sus actividades, y es también fundamental su existencia, porque es el ámbito en el que se determinan las tasas de interés.  Esta última es el costo por solicitar fondos en préstamo o digamos es el precio que se paga por la renta de los fondos y se expresa en términos de porcentaje. Así como frecuentemente vemos tasas de interés en la economía, hipotecarias, tasas para prestamos de vehículos, crédito comercial de proveedores, etc., también hay muchas tasas de interés sobre muchos tipos diferentes de bonos. 

De tal forma que las tasas de interés son importantes en diferentes ámbitos, porque en un nivel personal, si son altas pueden disuadirnos de comprar un mobiliario, computador, electrodoméstico,  casa o un vehículo, ya que el costo financiero sería muy alto, pero también podría animarnos parar ahorrar mediante la adquisición de bonos en el mercado, ya que se generarían altos intereses por nuestros ahorros. 

El mercado de valores

Es sabido que las empresas organizan su capital en función del número de acciones que representan su patrimonio. Una acción común, precisamente representa una fracción de la propiedad de una empresa y es un valor que avala un derecho sobre las ganancias y los activos que ella posee. La emisión de acciones y su venta al público es una forma que las empresas tienen de obtener fondos financieros. 

El mercado de valores, es el lugar en en el cual los derechos sobre la utilidad neta de las empresas se negocian. Y es el mercado financiero  más ampliamente seguido en casi cualquier país próspero que se precie de serlo, incluyendo nuestra golpeada Venezuela, aunque mayoritariamente la gente no lo siga, y por eso se le llama a menudo  simplemente como "el mercado". Cuando en las noticias observamos referencias al mercado de valores, se debe a que pudo ocurrir una fluctuación importante en el precio de las acciones. Muchas personas suelen especular en relación con el pronóstico hacia donde se dirige el mercado de valores y se entusiasman con euforia egocéntrica cuando obtienen un "rotundo éxito" en los pronósticos, pero también se deprimen irremediablemente cuando les ocurre una "pérdida cuantiosa".  En este punto cabe resaltar que no existe forma de hacer pronósticos 100% en esta materia, nadie tiene el poder de una bola de cristal o de los caracoles, mucho menos Hermes el iluminado  para acertar certeramente,  quizás algunos podrán hacerlo durante un tiempo pero jamás todo el tiempo. Y suele suceder que el Señor Mercado puede llegar a ser caprichoso. Así como la diosa fortuna puede tocar los predios de un inversor para tamizarlo de lujos y suntuosidades, también la diosa fortuna puede tocar su puerta para desnudarle.

Dicho esto, estimado lector debe comprender de lo anterior que efectivamente los precios de las acciones son sumamente volátiles, y cuando ocurren estas fluctuaciones considerables en los precios de las acciones, también terminan afectando la magnitud de riqueza de las personas y como resultado adicional su inclinación al consumo y al gasto. No obstante, la bolsa de valores también es un factor crucial en la toma de decisiones de inversión de los negocios, porque el precio de las acciones influyen en la cantidad de fondos que pueden conseguirse mediante la venta de acciones que hayan sido emitidas para financiar gastos de inversión. Cuando una empresa tiene una cotización alta de sus acciones, significa que puede obtener una cantidad más grande de fondos, que podría usar para adquirir bienes de capital, maquinaria o medios de producción asociados a proyectos empresariales, que usará como parte de la planificación de su crecimiento y de su producción. 


El Azar de la renta petrolera

Amigo lector, Venezuela va traspasando un umbral que nos va desdibujando  "El Estado mágico" [1] y paternalista que conocimos varias generaciones, y es el sempiterno problema de la confusión entre solidaridad y paternalismo. Nuestro país ha venido mostrando signos inequívocos del agotamiento de ese modelo, sin que ello signifique que no podamos recuperarnos. Los buscadores y reclamadores de renta petrolera que tradicionalmente han prosperado y medrado del Estado benefactor, deben asimilar esta nueva y amarga realidad. La saturación de los referentes puede imponer  la voluntad de nombrar de una manera diferente lo muchas veces repetido ad nauseam respecto al rentismo petrolero. Pero es menester reorganizar a la sociedad en torno a estimulos de reivención de Venezuela al estilo del viejo pero vigente y extraordinario libro de Giulio Santussuoso "Reinventar  a Venezuela", Editorial Galac.(1992). (Con prólogo de Jorge Roig).

Hace poco celebramos sin complejos la iniciativa de Instituciones, gremios y entes reguladores como la Sunaval que han comenzado a dar a conocer las bondades del mercado de valores y en tal sentido han realizado varios conversatorios para señalar al público y a las empresas la importancia de que se familiaricen con estos instrumentos.


"Un programa de gobierno que promueva el crecimiento económico a partir del intercambio interno es un programa liberal, mientras que un programa que promueve el crecimiento a partir de las exportaciones es un programa mercantilista y retrógrado, propio de países puramente extractivistas y adictos a la importación de mercancías".

Hace poco en una ocasión en el twitter comparábamos al mercado de valores con una especie de casino donde se apostaba dinero a cambio de acertar en el comportamiento de un puñado de acciones. Esa afirmación soltada con algo de imprecisión nos fue corregida de forma paciente y didáctica por un bien formado y experimentado corredor de bolsa venezolano. Nos enfatizaba lo fundamental de no hacer uso de comparaciones lesivas, porque eran más el reflejo de un sesgo cognitivo prejuicioso que de un conocimiento cabal del funcionamiento de los mercados de valores. El comportamiento lúdico es más propio de ciertos agentes económicos infantiles pero que son adictos a los esteroides, y no de los mercados de valores. Tiene razón, y lo hago extensivo para que nos familiaricemos más con esta inexplorada parcela de conocimiento que lamentablemente no poseen muchos venezolanos. 

[1]  Fernando Coronil Ímber. El Estado Mágico.  Editorial Alfa

martes, 15 de octubre de 2019

Venezuela: Inflación, hiperinflación y díaspora.


Parece una opinión de consenso la afirmación que indica que el ciudadano de a pie en Venezuela vive pensando en proteger su dinero mediante la compra de divisas. Muchos accedemos a testimoniar éste fenómeno en comercios, empresas y en el consumo. Y no cabe duda,  ha comenzado a incrementarse el número de  transacciones haciendo uso de divisas. 

Muchas personas afectas al gobierno señalan de irresponsables a empresarios y comerciantes por hacer uso de este mecanismo. Evitan comprender que se trata de un fenómeno generalizado que obedece a la percepción de riesgo y credibilidad  adjudicable al agrio clima de crisis del liderazgo político. Un liderazgo que no ha cedido en continuar obstaculizándose mutuamente para resolver la confrontación, aunado a la autoreconocida dósis de impericia del  gabinete económico para formular un programa coherente de ajuste macroeconómico. Todo un cóctel explosivo que nos afecta a todos, menos a una minoría de la población que posee moneda extranjera.

No es difícil entonces conjeturar que el comportamiento de los agentes económicos los hace percibir que nuestra moneda de curso legal se convierte también por lo ya descrito en una "moneda débil", es decir dinero con peligro siempre latente de quedar devaluado por su emisión descuidada, por sufrir un ataque especulativo, o por cualquiera de los factores de entorno confrontacional que padecemos y por consiguiente, con riesgo de perder valor respecto a una moneda más fuerte: el dólar, el euro, la libra, el yen, etc. 

Como consecuencia, tenemos que una de las maneras que han encontrado los agentes económicos para salvaguardar sus excedentes monetarios contra la devaluación, y contra los elevados diferenciales de hiperinflación, es invertir en las llamadas "monedas duras" o aprovisionarse de inventarios y materia prima suficiente que les permita planificar flujos futuros de caja. Un pánico explicable que lastimosamente solo lo comprende quien enfrenta el riesgo de un cierre operacional y la viabilidad de su empresa. 

Toda la actividad económica de un país usa como pilares fundamentales a la fe y a la confianza entre sus ciudadanos. Un elemento por medio del cual se tranza la confianza entre ellos es cuando se intencambian bienes y servicios mediante la moneda de curso legal, que es un símbolo de la integridad entre habitantes de una nación. Cuando surge la inflación sin que se impongan políticas de torniquete a la misma  puede desatarse  la pérdida de confianza de la población en la pericia de su dirigencia llámese gobierno + oposición en mantener la ansiada y estable integridad nacional.

A todo lo descrito debemos sumar tres elementos a considerar: Primero, el poder de influencia  que en tiempos de crisis adquieren  referentes encarnados en personas con respetable experticia,  con influencia en el ámbito académico, empresarial y de la sociedad. Sin duda personas que han labrado su desempeño gracias a su propia eficacia personal y que han aumentado su éxito aplicando el poder que tienen de forma indirecta, es decir, mediante la influencia.  Cuando uno o varios economistas que son seguidos por decenas de miles de agentes económicos que operan en Venezuela recomiendan en su juicio de expertos "hacer cobertura", veladamente señalan un camino que se traduce en comprar divisas, que a su vez  desata muchos de los desequilibrios que volatilizan los precios de bienes y servicios en la economía. 

En segundo lugar,  la trayectoria inflacionaria en Venezuela ha demostrado con suficientes elementos que parte de las presiones inflacionarias obedecen a políticas populistas que parten con la buena intención de protección a la población pero que se desvirtúan con el paso del tiempo por su falta de control y seguimiento al desestimar el impacto de las acciones del gobierno en materia de política monetaria, pago a contratistas/proveedores, en materia impositiva, etc, con los efectos que sobre las políticas de protección y subsidio que terminan ocasionando desequilibrios con perversos incentivos. 

En tercer lugar, debemos combinar todo lo anterior con cierta resistencia de muchos agentes económicos para aceptar con entereza que es necesario ponerle fin el gasto y estilo de vida suntuoso que tradicionalmente nos acostumbró a disfrutar el auge de los precios petroleros. Hemos padecido durante muchos periodos de auge y caída en el precio del barril de petróleo, del efecto colateral conocido como efecto Duesenberry de la teoría del consumo: "El gasto tiende a mantenerse al mismo nivel después que cae el ingreso".


A todos nos cuesta restringir el consumo de la misma manera que antes  lo habíamos aumentado cuando inicialmente nuestro ingreso creció. Nos acostumbramos fervientemente a ello, nos aferramos al anterior nivel de ingreso y no hay forma de que se acepte que debemos ajustar nuestro estilo de vida por más que las circunstancias vitales del entorno económico así nos lo exijan. El populismo de las políticas gubernamentales los lleva a ignorar el efecto Duesenberry y los individuos terminamos pagando las consecuencias de la ausencia de racionalidad  y responsabilidad de la dirigencia del pais.

Al revisar el comienzo de la depresión económica venezolana, distinguimos el signo de que todo el escenario previo de bonanza petrolera había excedido su orden natural, y se había extraviado en el consumo más allá de sus límites naturales. Hoy se sabe que la psicología y la economía comparten muchos elementos, y la inflación es un fenómeno de ego desatado, que pierde la capacidad de crítica para adaptarse a los límites de esa capacidad.  Y lamentablemente también ataca a nuestros líderes, los llena de energía, creen poder atribuirse los mayores logros, se sienten triunfadores en el mundo, dominadores y capaces de grandes realizaciones, ya lo advertía el finado Maza Zavala en el 2007, "Ojalá nuestros lideres no cometan el error de creer que los precios del petróleo permanecerán siempre por encima de los 100 $USD, también el petróleo  padece los rigores del ciclo económico".  

Entramos al último trimestre de culminar el 2019, y el mundo se encuentra en el umbral de una nueva crisis económica, algunos señalan que es el segundo capítulo de la ocurrida en el 2008, a diferencia de lo ocurrido en la mayoría de las crisis financieras, los mercados cambiarios de aquél momento en las principales monedas evolucionaron de forma bien ordenada. El dólar se movió un poco respecto al euro y bajó un poco respecto al yen japonés, pero se movió muy poco respecto al yuan chino. La volatilidad actual es inquietante cuando incluimos en el caldo de cultivo la guerra comercial entre China y EE.UU, combinado al contínuo crecimiento de la deuda norteamericana y a cierta  disminución esperada del ahorro mundial debido al comportamiento en el mercado de deuda y de renta variable, el dólar siempre enfrenta el peligro de ser cada vez menos aceptado como única moneda de referencia. 

Un fenómeno que no ocurre en Venezuela pero si en buena parte del mundo es que los ahorradores dudan cada vez más antes de invertir su dinero en esta divisa. En los últimos tiempos atravesamos esa situación particular en la que los ahorradores venezolanos se ven obligados a comprar dólares al no encontrar alternativas, aún sabiendo - algunos no, no todos -  que dicha moneda está fuertemente amenazada.  Los países productores de petróleo y otros grandes actores del comercio mundial firman cada vez más contratos en otras monedas, por ejemplo, el euro, el yuan, el yen, la rupia, el rublo, etc. ¿Qué pasará cuando China decida concentrase en un esfuerzo enfocado por desarrollar más  su mercado interno, en la ruta de la seda y reoriente la pérdida de valor actual de su industria a causa de la guerra comercial?.  ¿Tendrá motivos para defender la paridad del dólar?.  Buena parte de las razones por las que el dólar se mantiene es debido a la buena voluntad y el talento ancestral de China para el ejercicio de la paciencia. 

Los venezolanos en medio de esta al parecer inacabable crisis,  debemos comenzar a encontrar fuentes alternativas de financiamiento al tradicional y asustadizo uso del dólar [Venezuela: Alternativas de financiamiento empresarial]. Al momento de escribir esta entrada se ha materializado un ajuste salarial integral al salario mínimo que lleva sobre todo al trabajador de la administración pública a ganar Bs.300 mil mensuales aunado a los efectos en todas las tablas salariales. Y ya algunos economistas comienzan a vaticinar los subsiguientes capítulos del  espiral inflacionario. Efectivamente comenzaremos a ver por un lado, los precios y el valor nominal de todos los bienes que suben, y por el otro, el valor de la moneda y el bienestar de la población que bajan. 

Un cuento que ya conocemos de memoria, la inflación económica, que termina siendo una inflación de carácter patológico, producida por un manejo gubernamental de tipo maníaco contra la depresión, y donde las emociones anidadas en nuestro inconsciente colectivo se transfieren a nuestro golpeado Bolívar Soberano, lesionando a su vez nuestra integridad como nación y erosionando su desintegración a cuenta gotas a causa de la diáspora poblacional. 

Finalmente, si escudriñamos la inflación partiendo de un enfoque psicológico, deducimos que la misma nos ha conducido por el sendero de los abismos de la baja autoestima y la desvalorización de nuestra imagen en el mundo, con infortunadas consecuencia para el logro de metas en alternativas que se vienen movilizando con iniciativas como la descrita en "El Mercado de Valores venezolano, incentivando con coraje  a la Maratón (I)". Es momento entonces de reflexionar sobre esa patología que nos lleva querer poseer dólares como único activo de protección de nuestra riqueza, hay que comenzar a pensar de modo diferente y no continuar en el juego de suma cero que nos guía al conflicto permanente en una época de escasez y miseria. Los juegos de suma positiva son los que comenzarán a conducirnos de nuevo a la prosperidad que esperamos, y  el mercado de valores es uno de esos mecanismos que empiezan a emerger. Ya hablaremos de este tema próximamente.