Muchas personas afectas al gobierno señalan de irresponsables a empresarios y comerciantes por hacer uso de este mecanismo. Evitan comprender que se trata de un fenómeno generalizado que obedece a la percepción de riesgo y credibilidad adjudicable al agrio clima de crisis del liderazgo político. Un liderazgo que no ha cedido en continuar obstaculizándose mutuamente para resolver la confrontación, aunado a la autoreconocida dósis de impericia del gabinete económico para formular un programa coherente de ajuste macroeconómico. Todo un cóctel explosivo que nos afecta a todos, menos a una minoría de la población que posee moneda extranjera.
No es difícil entonces conjeturar que el comportamiento de los agentes económicos los hace percibir que nuestra moneda de curso legal se convierte también por lo ya descrito en una "moneda débil", es decir dinero con peligro siempre latente de quedar devaluado por su emisión descuidada, por sufrir un ataque especulativo, o por cualquiera de los factores de entorno confrontacional que padecemos y por consiguiente, con riesgo de perder valor respecto a una moneda más fuerte: el dólar, el euro, la libra, el yen, etc.
Como consecuencia, tenemos que una de las maneras que han encontrado los agentes económicos para salvaguardar sus excedentes monetarios contra la devaluación, y contra los elevados diferenciales de hiperinflación, es invertir en las llamadas "monedas duras" o aprovisionarse de inventarios y materia prima suficiente que les permita planificar flujos futuros de caja. Un pánico explicable que lastimosamente solo lo comprende quien enfrenta el riesgo de un cierre operacional y la viabilidad de su empresa.
Toda la actividad económica de un país usa como pilares fundamentales a la fe y a la confianza entre sus ciudadanos. Un elemento por medio del cual se tranza la confianza entre ellos es cuando se intencambian bienes y servicios mediante la moneda de curso legal, que es un símbolo de la integridad entre habitantes de una nación. Cuando surge la inflación sin que se impongan políticas de torniquete a la misma puede desatarse la pérdida de confianza de la población en la pericia de su dirigencia llámese gobierno + oposición en mantener la ansiada y estable integridad nacional.
A todo lo descrito debemos sumar tres elementos a considerar: Primero, el poder de influencia que en tiempos de crisis adquieren referentes encarnados en personas con respetable experticia, con influencia en el ámbito académico, empresarial y de la sociedad. Sin duda personas que han labrado su desempeño gracias a su propia eficacia personal y que han aumentado su éxito aplicando el poder que tienen de forma indirecta, es decir, mediante la influencia. Cuando uno o varios economistas que son seguidos por decenas de miles de agentes económicos que operan en Venezuela recomiendan en su juicio de expertos "hacer cobertura", veladamente señalan un camino que se traduce en comprar divisas, que a su vez desata muchos de los desequilibrios que volatilizan los precios de bienes y servicios en la economía.
En segundo lugar, la trayectoria inflacionaria en Venezuela ha demostrado con suficientes elementos que parte de las presiones inflacionarias obedecen a políticas populistas que parten con la buena intención de protección a la población pero que se desvirtúan con el paso del tiempo por su falta de control y seguimiento al desestimar el impacto de las acciones del gobierno en materia de política monetaria, pago a contratistas/proveedores, en materia impositiva, etc, con los efectos que sobre las políticas de protección y subsidio que terminan ocasionando desequilibrios con perversos incentivos.
En tercer lugar, debemos combinar todo lo anterior con cierta resistencia de muchos agentes económicos para aceptar con entereza que es necesario ponerle fin el gasto y estilo de vida suntuoso que tradicionalmente nos acostumbró a disfrutar el auge de los precios petroleros. Hemos padecido durante muchos periodos de auge y caída en el precio del barril de petróleo, del efecto colateral conocido como efecto Duesenberry de la teoría del consumo: "El gasto tiende a mantenerse al mismo nivel después que cae el ingreso".
A todos nos cuesta restringir el consumo de la misma manera que antes lo habíamos aumentado cuando inicialmente nuestro ingreso creció. Nos acostumbramos fervientemente a ello, nos aferramos al anterior nivel de ingreso y no hay forma de que se acepte que debemos ajustar nuestro estilo de vida por más que las circunstancias vitales del entorno económico así nos lo exijan. El populismo de las políticas gubernamentales los lleva a ignorar el efecto Duesenberry y los individuos terminamos pagando las consecuencias de la ausencia de racionalidad y responsabilidad de la dirigencia del pais.
Al revisar el comienzo de la depresión económica venezolana, distinguimos el signo de que todo el escenario previo de bonanza petrolera había excedido su orden natural, y se había extraviado en el consumo más allá de sus límites naturales. Hoy se sabe que la psicología y la economía comparten muchos elementos, y la inflación es un fenómeno de ego desatado, que pierde la capacidad de crítica para adaptarse a los límites de esa capacidad. Y lamentablemente también ataca a nuestros líderes, los llena de energía, creen poder atribuirse los mayores logros, se sienten triunfadores en el mundo, dominadores y capaces de grandes realizaciones, ya lo advertía el finado Maza Zavala en el 2007, "Ojalá nuestros lideres no cometan el error de creer que los precios del petróleo permanecerán siempre por encima de los 100 $USD, también el petróleo padece los rigores del ciclo económico".
Entramos al último trimestre de culminar el 2019, y el mundo se encuentra en el umbral de una nueva crisis económica, algunos señalan que es el segundo capítulo de la ocurrida en el 2008, a diferencia de lo ocurrido en la mayoría de las crisis financieras, los mercados cambiarios de aquél momento en las principales monedas evolucionaron de forma bien ordenada. El dólar se movió un poco respecto al euro y bajó un poco respecto al yen japonés, pero se movió muy poco respecto al yuan chino. La volatilidad actual es inquietante cuando incluimos en el caldo de cultivo la guerra comercial entre China y EE.UU, combinado al contínuo crecimiento de la deuda norteamericana y a cierta disminución esperada del ahorro mundial debido al comportamiento en el mercado de deuda y de renta variable, el dólar siempre enfrenta el peligro de ser cada vez menos aceptado como única moneda de referencia.
Un fenómeno que no ocurre en Venezuela pero si en buena parte del mundo es que los ahorradores dudan cada vez más antes de invertir su dinero en esta divisa. En los últimos tiempos atravesamos esa situación particular en la que los ahorradores venezolanos se ven obligados a comprar dólares al no encontrar alternativas, aún sabiendo - algunos no, no todos - que dicha moneda está fuertemente amenazada. Los países productores de petróleo y otros grandes actores del comercio mundial firman cada vez más contratos en otras monedas, por ejemplo, el euro, el yuan, el yen, la rupia, el rublo, etc. ¿Qué pasará cuando China decida concentrase en un esfuerzo enfocado por desarrollar más su mercado interno, en la ruta de la seda y reoriente la pérdida de valor actual de su industria a causa de la guerra comercial?. ¿Tendrá motivos para defender la paridad del dólar?. Buena parte de las razones por las que el dólar se mantiene es debido a la buena voluntad y el talento ancestral de China para el ejercicio de la paciencia.
Los venezolanos en medio de esta al parecer inacabable crisis, debemos comenzar a encontrar fuentes alternativas de financiamiento al tradicional y asustadizo uso del dólar [Venezuela: Alternativas de financiamiento empresarial]. Al momento de escribir esta entrada se ha materializado un ajuste salarial integral al salario mínimo que lleva sobre todo al trabajador de la administración pública a ganar Bs.300 mil mensuales aunado a los efectos en todas las tablas salariales. Y ya algunos economistas comienzan a vaticinar los subsiguientes capítulos del espiral inflacionario. Efectivamente comenzaremos a ver por un lado, los precios y el valor nominal de todos los bienes que suben, y por el otro, el valor de la moneda y el bienestar de la población que bajan.
Un cuento que ya conocemos de memoria, la inflación económica, que termina siendo una inflación de carácter patológico, producida por un manejo gubernamental de tipo maníaco contra la depresión, y donde las emociones anidadas en nuestro inconsciente colectivo se transfieren a nuestro golpeado Bolívar Soberano, lesionando a su vez nuestra integridad como nación y erosionando su desintegración a cuenta gotas a causa de la diáspora poblacional.
Finalmente, si escudriñamos la inflación partiendo de un enfoque psicológico, deducimos que la misma nos ha conducido por el sendero de los abismos de la baja autoestima y la desvalorización de nuestra imagen en el mundo, con infortunadas consecuencia para el logro de metas en alternativas que se vienen movilizando con iniciativas como la descrita en "El Mercado de Valores venezolano, incentivando con coraje a la Maratón (I)". Es momento entonces de reflexionar sobre esa patología que nos lleva querer poseer dólares como único activo de protección de nuestra riqueza, hay que comenzar a pensar de modo diferente y no continuar en el juego de suma cero que nos guía al conflicto permanente en una época de escasez y miseria. Los juegos de suma positiva son los que comenzarán a conducirnos de nuevo a la prosperidad que esperamos, y el mercado de valores es uno de esos mecanismos que empiezan a emerger. Ya hablaremos de este tema próximamente.

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