En los últimos meses, la financiación empresarial se ha convertido en uno de los quebraderos de cabeza más difíciles de gestionar por parte de las empresas. Es sabido por todos que la ausencia de alternativas en el financiamiento ocurre a causa de la supresión de créditos bancarios por la restricción establecida por vía del encaje legal.
El principal efecto que se busca con esta medida es estabilizar el tipo de cambio en divisas y con ello suprimir el efecto inflacionario asociado a una subida en el precio de las mismas, especialmente del dólar.
Este escenario arroja sin embargo aristas adicionales de realidad que el Banco Central de Venezuela no puede controlar, y carece de los instrumentos necesarios para medirlas, entre éstas tenemos lo que ocurre en el ámbito de la economía de la información y la urgencia de tener que tomar decisiones bajo las condiciones de incertidumbre que afrontan las empresas, en un clima de tensión política cuyo desenlace aún se desconoce, con todo el el impacto que tiene la incertidumbre como escenario que domina la escena.
Al levantarse las restricciones que impedían a las empresas y al público acceder al mercado de divisas, suprimiéndose el control cambiario, las compañías lograban financiarse sin grandes problemas, pero este escenario ha cambiado por completo de forma reciente, por el hecho de que el acceso a fuentes de financiamiento ha sido cada vez más difícil de conseguir para las empresas. En el entorno actual crecen la dificultades para acceder al crédito, las denegaciones de renovación de líneas de crédito o la imposibilidad de descontar algunos efectos comerciales ha llevado a muchas empresas, especialmente pequeñas o medianas, a pasar por serias dificultades para seguir funcionando. En definitiva, en el entorno actual todos los agentes económicos tienen la necesidad de obtener financiación y, de ser posible, rápidamente.
Algunos respetables análisis interpretan este contexto como lesivo para la actividad económica. Sin embargo, obvian señalar los efectos de las sanciones económicas en la nación, una variable que se debe despejar sin caer en los abismos exacerbados de las discusiones estériles en materia ideológica. Los empresarios venezolanos han aprendido a lidiar con el hecho de enfrentarse a un entorno que es dinámico y complejo, con relaciones sistémicas, tanto por los sujetos que actúan en él, como por las temáticas sensibles que se abordan a diario por parte de los analistas y expertos. En este paradigma, los cambios no siempre se procesan adecuadamente, dando lugar a crisis organizacionales con procesos de aprendizaje y renovación, en los cuales, algunas organizaciones salen fortalecidas, mientras que otras se achican o tienden a desaparecer.
Se ponen en marcha muchas estrategias de tipo ofensivo o defensivo, según la empresa, el sector o el mercado en que actúe la empresa, que contemplan, además de los efectos de la inflación, la debacle en la rotación de inventario en los anaqueles, como la previamente citada ausencia de fuentes de financiamiento. Hace poco citábamos como positiva la iniciativa de difusión por parte del INAPYMI y la SUNAVAL en la democratización del acceso al mercado de valores, pero cabe preguntarse si tales mecanismos son suficientes cuando solo nos ocupamos de crear estímulos del lado de la oferta, mientras los créditos al consumo y al crédito se mantienen rezagados y restringidos.
Si bien se percibe una estabilización en los indicadores que se registran en el Tipo de Cambio, también se percibe una ralentización en la actividad de la bolsa de valores de Caracas, una correlación adjudicable a la insuficiencia de liquidez monetaria, tal como lo señala en su artículo el asesor de inversión y corredor público de valores José Miguel Farías, Director de Finanzas de Rendivalores, Casa de Bolsa.
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| Fuente: Rendivalores, Casa de Bolsa |
No obstante esto, a pesar de considerarse estos escenarios de desaceleración en dichos indicadores una señal inquietante, es necesario poder analizar hasta qué punto la relativa novedad de difusión y divulgación de fuentes alternativas de financiamiento, pueden ser especialmente útiles en tiempos de crisis cuando la financiación bancaria es muy reducida y en su caso, la exigencia de mayores garantías e incremento de los riesgos en los créditos por parte de las Entidades bancarias, la convierten en este momento en inviables.
Sin duda existe una necesidad acuciante en la PYMIS y PYMES de obtener financiación por un lado, y además si es posible que ésta tenga las características de recursos propios, haciendo necesaria la consideración de estas otras alternativas no tradicionales de financiación. Las fuentes de donde abrevan sus necesidades de dinero han sido la autofinanciación y la financiación bancaria. Pero cuando esto es insuficiente para atender las necesidades de la empresas y el recurso de ampliación de capital -financiación propia externa - implica la realización de desembolsos por parte de propietarios y accionistas, cuestión que no puede hacerse de forma regular ya que las necesidades de recursos por parte de la empresa suelen ser superiores al patrimonio de los accionistas, la alternativa viable para satisfacer estas necesidades financieras consiste en acudir a la financiación ajena.
Por lo que a la financiación ajena se refiere, es decir, la que implica una deuda por parte de la empresa con sus acreedores, cabe distinguir entre empréstitos obligacionistas - emisiones de bonos y obligaciones - y préstamos y créditos. Los primeros son denominados emisiones de renta fija corporativa, que ha sido un segmento, hasta el momento en Venezuela, reservado prácticamente a las grandes empresas. Ello explica la importancia del proceso de democratización y difusión previamente señalado., ya que el mismo parece representar una vía no tradicional de financiación ajena posible.
Una alternativa que exige de los empresarios venezolanos un cambio de paradigma en cuanto a la supresión de prácticas contables creativas, sumamente cuestionables así como el compromiso hacia la transparencia informativa, en un país donde los agentes económicos deben comenzar a reinventarse también suprimiendo de su actuación cualquier espera de incentivos y protección de un Estado paternalista, que tanto daño nos ha hecho en el largo plazo por nuestra dependencia petrolera, convirtiendo a un importante segmento de la economía en yonquis adictos a dicha renta.
Por consiguiente, las PYMES y PYMIS, necesitan acudir a estas nuevas fuentes de financiamiento, tales como las que comienzan a ofrecerse en el mercado de valores. Sin duda con esta iniciativa de la SUNAVAL y del INAPYMI también con el tiempo comenzaremos quizás a ver cómo se incorporan a este proceso las Sociedades y Fondos de Capital Riesgo así como los Business Angels, todo dependerá del virtuoso componente ético con el que los agentes económicos comiencen a emplearse en sus respectivos desempeños, considerando también la importancia de otorgarle sosiego a un público consumidor venezolano que está ansioso por que se alcance la estabilidad política y económica, porque alberga un ardiente deseo por consumir buenos productos y servicios en un clima de estabilidad en los precios.


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